El aceite sale de las bodegas, pero las cuentas siguen sin salir

Cooperativas Agro-alimentarias alerta de que los costes del olivar tradicional alcanzan hasta los 5,31 euros por kilo y reclama más fuerza negociadora para los productores
El aceite de oliva mantiene el pulso comercial, pero las cuentas no acompañan al agricultor. Cooperativas Agro-alimentarias ha alzado la voz de alarma ante la pérdida de rentabilidad de numerosas explotaciones olivareras, atrapadas entre unos costes de producción que se han disparado durante los últimos años y unas cotizaciones en origen que dejan márgenes muy estrechos en determinados modelos de cultivo.
La advertencia cobra especial relevancia en una provincia como Jaén, cuyo tejido económico y social mantiene una estrecha dependencia del olivar. La federación sostiene que las buenas cifras de ventas no pueden utilizarse por sí solas para medir la salud del sector.
En julio se comercializaron unas 135.312 toneladas de aceite, casi 20.000 más que la media registrada durante ese mismo mes en las cinco campañas anteriores. Paralelamente, las existencias descendieron hasta aproximadamente 568.700 toneladas a 31 de julio, más de 113.000 menos que un mes antes.
El problema está en cuánto queda finalmente en el bolsillo del productor. Cooperativas cita un reciente estudio de la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO) que cifra en alrededor del 57% el incremento medio de los costes de producción durante los últimos seis años.
La situación resulta especialmente delicada para el olivar tradicional. Según esos cálculos, producir un kilo de aceite puede costar entre 4,18 y 5,31 euros, dependiendo de las características de la explotación. Incluso determinados sistemas intensivos superan los tres euros.
Carburantes, electricidad, fertilizantes, maquinaria, riego y mano de obra forman una factura que ha crecido mientras las cotizaciones de agosto sitúan a parte de las explotaciones cerca o incluso por debajo de su umbral de rentabilidad.
La organización cooperativa cuestiona además la efectividad de la Ley de la Cadena Alimentaria ante esta situación y reclama actuar sobre la capacidad negociadora de quienes producen el aceite.
Una de sus principales recetas pasa por concentrar la oferta y aumentar la dimensión de las cooperativas. La federación defiende estructuras empresariales capaces no solo de producir, sino de envasar, crear marcas, invertir en innovación, internacionalizarse y acercarse directamente al consumidor.
También reclama a los gobiernos español y europeo un mayor control del aceite procedente de terceros países y exige que las importaciones cumplan las mismas condiciones de calidad, trazabilidad y seguridad alimentaria que la producción comunitaria.
El planteamiento de las cooperativas apunta, en definitiva, al reparto del valor. Andalucía concentra aproximadamente tres cuartas partes de la producción española y España lidera la producción mundial. Una potencia productiva que, según advierten, sirve de poco si quienes mantienen los olivos no consiguen que sus explotaciones sean rentables.
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