"Yo soy iliturgitana de los pies a la cabeza hasta que me muera"

Victoria Cuesta Prieto vive en tierras catalanas desde hace casi tres lustros, pero presume de su pueblo a través de su palabra y de su escritura
Hay quien va a Madrid o a Sevilla un par de días, y cuando vuelve viene hablando con acento cheli o trianero. Y hay quien, pese al paso de los años, no varía su acento ni un ápice, como quien se agarra a la tabla de náufrago de su identidad para, en medio del naufragio de la nostalgia, evitar el hundimiento de uno de los rasgos más representativos de cualquier persona: su idioma.
Entre estas últimas está Victoria Cuesta Prieto (Andújar, 1968), una mujer que empezó a saber lo que es faltar de la tierra natal cuando apenas levantaba un palmo del suelo y que, finalmente, ha terminado en las filas de la emigración:
"Con dos años me venía a Lloret de Mar con mis padres, que iban a trabajar allí animados por sus hermanos; mi padre tenía trabajo en Andújar, pero sus hermanos decían que para los hijos habría más oportunidades, así que íbamos y veníamos todos los años", comenta a Lacontradejaén.
Entre aquella aventura vital y su presente catalán media un cúmulo de experiencias que la han alejado poco a poco de su municipio de su alma, pero no tanto como para que no se sienta, en cuerpo y alma, "una iliturgitana de los pies a la cabeza": "¡Hasta que me muera!", sentencia.
Será por eso que hablar con ella es escuchar, sílaba a sílaba, una voz que rezuma querencia al primer paisaje que vieron sus ojos, ese acento singular que lejos de abandonarla, parece habérsele multiplicado por cada año que lleva fuera de su ciudad (y ya van casi tres lustros): "Ahora estoy aprendiendo catalán, y es muy gracioso, porque me sale el seseo", comenta entre risas.
Y lo mismo que habla (irónica, rotunda, controvertida a veces) escribe, pero lo que se dice escribir de verdad, que su bibliografía cuenta ya con cinco títulos; el último, Tiempos oscuros para emigrar, que hace pocos días se dio el gusto de dar a conocer entre sus paisanos de en Andújar, acompañada de sus hijos ("andaluces", proclama).
"Es un libro que tiene sus raíces en Andújar, y aunque ya lo había presentado en Cataluña tenía que hacerlo también en mi pueblo, donde yo quería", explica, y añade:
"Este libro nació de una pregunta de mi hijo mayor, en pleno referéndum por la independencia de Cataluña. Me preguntó si no deberíamos de estar más agradecidos, y no me gustó la pregunta (no porque no tengamos mucha gente a la que no debamos agradecer cómo se ha portado con nosotros, sino porque la pregunta iba en otro sentido").
Casada con un catalán al que, curiosamente, conoció en la ciudad andujareña, con él formó su familia y vivió hasta que la crisis del ladrillo los empujó hacia Lloret. Vivencias que, lógicamente, asoman a las páginas de Tiempos oscuros para emigrar:
"Es una recopilación de toda esa historia de emigración, un libro muy crítico. Yo, en principio, no tenía intención de escribir y publicar un libro, solo de dejarles algo a mis hijos para que supieran de dónde vienen y por qué, contando desde muy atrás, para que no les cuenten la historia desde ayer. Es todo real, tanto la historia de nuestros antepasados como la nuestra, y como tengo muchas experiencias de otras personas te das cuenta de que coinciden los sentimientos de desarraigo". Cuesta apostilla:
"Si lo lee alguien que ha tenido que emigrar, se verá reflejado, y si lo lee alguien que no ha tenido que emigrar le ayudará a ponerse en la piel de esa persona que deja su hogar, su familia, su tierra..., y no por gusto".
Sabe de lo que habla, llevaba más de ocho años sin pasar por Andújar y lamenta no hacerlo con más frecuencia: "En mi pueblo ya solo tengo amigos, muchos. Mi suegro, que es quien nos queda, está en Málaga, de donde era mi suegra, y vamos allí cuando bajamos por vacaciones".
Eso sí, que venga poco no quiere decir que no le cueste irse: "Esta vez ha sido muy bonito, con muchos amigos, nos han faltado días".
¿Volverá cuando la jubilación les permita reinventarse? "Yo le tengo prohibido a mi marido que haga planes para después de la jubilación, pero la verdad es que nos gustaría volver a Andalucía", expresa. Aquello que cantaban Los Morochucos...

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