"Lo de la ropa de segunda mano ya no es como antes"
ENLACE VÍDEO https://youtu.be/T5m-MlEXqJsAna Romero García (Jaén, 1968)
En la calle Federico de Mendizábal (Mesones, de toda la vida) de la capital, una sonrisa solidaria a más no poder recibe a la clientela de un comercio singular donde los haya. Encargada de moda re-, Ana Romero García (Jaén, 1968) ha encontrado en esta tienda del proyecto de Economía Social de Cáritas el marco idóneo para desarrollarse profesional y humanamente: tras el mostrador (donde lleva un montón de años) y ayudando a la gente. La vocación elevada a su más hermosa expresión.
—¿Cáritas la llevó al mostrador, o el mostrador la llevó a Cáritas?
—Empecé a trabajar con quince años, en una perfumería. Yo quería estar en oficinas, con papeles, ¡y mira por dónde voy! Aunque ahora me encanta.
—Y de vender perfumes...
—Pasé a Rodiez, una tienda de punto de señora, en Madre Soledad Torres Acosta; dejé de trabajar ahí, y un Miércoles Santo (no se me va a olvidar nunca) me llamaron de Leo Garvín, se habían enterado de que había dejado de trabajar, me presenté allí y me dijeron de quedarme: yo tenía diecinueve años, y me he tirado allí veintisiete años hasta que se cerró por jubilación. Ahí pensé en dejar de trabajar un tiempo, creo que me lo merecía.
—¿Se tomó ese año sabático, finalmente?
—Me duró muy poco, porque a los tres meses me llamaron de Marcelino (en la Carrera).
—De mostrador en mostrador, Ana, pero sacaba tiempo también para una de sus pasiones: el mundo cofrade, que además tuvo mucho que ver en lo que es usted a día de hoy, ¿verdad?
—Sí, soy de la Cofradía de la Santa Cena, me encanta la caridad, era camarera y hacíamos muchas obras sociales; ese mundo de la caridad siempre me ha llamado mucho la atención, y un día me enteré de que se iba a abrir un ropero social de Cáritas y necesitaban gente. Las cosas del destino...
—Cuente, cuente...
—Les decía a mis hijas que me echaran los papeles (yo soy malísima para las nuevas tecnologías); al final los eché pocos días antes de que terminara la convocatoria, y me llamaron. Fui allí, había dos curas, el director de Cáritas Interparroquial y otro chico, yo no conocía a nadie. Me preguntaron por mi trayectoria, y qué sabía de Cáritas.
—¿Y qué sabía Ana Romero de Cáritas, qué les respondió?
—¿Yo? Que nada, les dije que soy cristiana, que voy a la Iglesia pero que de Cáritas, nada. Les conté mi trayectoria, y fue curioso porque ese día teníamos el besamanos de nuestra Virgen y estando allí, con el pañuelo en la mano, empezó a sonar el móvil. Yo no lo cogía (no conocía ese número) y al final vino mi hermana y me dijo que me estaban llamando de Cáritas, que me daban el puesto.
—¿Cómo reaccionó?
—Aquello era un mundo para mí; yo les había dicho a ellos algunas ideas para montar el ropero pero, ¿cómo hacerlo? Al día siguiente quedé con el director de Cáritas Interparroquial (entonces era Alfonso Alcalde), me dio la llave de un local y me dijo que me buscara la vida. Ese local es el que ahora está en Santa Clara. Empezamos con voluntarios, yo como encargada, y atendíamos a las personas: fue volver a lo que a mí me gustaba.

—Y un cambio muy grande: pasó usted de atender a clientas de alto nivel adquisitivo a todo lo contrario.
—Claro, pero para mí eran todas iguales. Como experiencia de trabajo, ese ropero fue la experiencia más bonita que he tenido.
—De eso hace...
—Aquí llevo nueve años, así que sería en 2014 más o menos. Seguí allí, y ya con Rafael López-Sidro como presidente de Cáritas me llamaron para contarme un proyecto a nivel nacional (nosotros fuimos los pioneros en toda España).
—¿Qué proyecto era ese?
—Crear una tienda solidaria, para dar puestos de trabajo a gente de inserción a través de la ropa que se recoja en contenedores. Me lo ofrecieron y al principio dudé, porque Jaén es una ciudad compleja en ese aspecto, no es una ciudad con mucho turismo, acostumbrada a la diversidad. En Jaén, eso iba a costar.
—Y aceptó.
—Vinieron ya unos chicos de Madrid, me explicaron el proyecto y empezamos a buscar local.
—Así nació moda Re-,este establecimiento que atiende usted en la popular calle Mesones.
—Sí, pasamos por esta calle un día y supe que este local se alquilaba, un local precioso que tenía un amigo cofrade, Paco Carrillo.
—Paradójico, Ana, no diga usted que no, porque el local de Carrillo destilaba glamour.
—Claro; de hecho, como no sabíamos si esto iba a funcionar o no, y como él lo tenía tan bonito, lo dejamos así al principio.
—Jaén fue pionero en este proyecto, en hacerlo realidad. Pero el proyecto, según cuenta, lleva ya nueve años de actividad. No ha ido mal, entonces.
—Bueno, cuesta sacarlo a flote, el centro se ha quedado un poco vacío de tiendas con gancho, pero me ha sorprendido para bien. Yo no daba un duro por esto, la verdad.

—¿Cómo funciona moda re-? Hablaba usted, líneas arriba, de ropa recogida en contenedores.
—Tras instalar los contenedores se montó una nave en Linares, donde hay ya cinco compañeros con furgonetas por Jaén y provincia. Esa ropa llega a Linares, se meten en unas sacas y las recogen otros camiones que vienen de otras plantas (Valencia, Barcelona y Bilbao), en las cuales ya hay mucha gente trabajando, gente a la que le hace falta ese trabajo. Una vez en esas plantas, la ropa que esta bien se pasa por un proceso de ozono y llega a las tiendas.
—Todo viene de esos contenedores, pues.
—Bueno, el Grupo Inditex (de Amancio Ortega), por ejemplo, hizo un convenio con Cáritas y dona sus excedentes a un precio mucho más bajo. Y como ellos, hay empresas que cierran, se ponen en contacto con Cáritas y donan ropa, y también gente de la calle que tiene prendas y deciden donarlas. La ropa de segunda mano ya no es como antes.
—¿Qué quiere decir, Ana, exactamente?
—Que, antes, la segunda mano era ropa que nos poníamos mucho, pero ahora no, ahora usamos una prenda una vez y la dejamos, o nos roza un zapato y no volvemos a ponérnoslo. Eso ha cambiado mucho.
—¿Cualquier persona puede venir a donar ropa directamente a la tienda?
—No, hay gente que viene, nos pregunta y les indicamos cómo hacerlo, cómo es el proceso.
—¿Es esta la única tienda moda re- en la provincia de Jaén?
—Se abrió otra en Úbeda, pero no funcionó, cerró y se abrió en Linares, donde funciona muy bien.
—Aquel temor inicial a que el negocio no fuera bien ya es historia pero, ¿y la gente? Un comercio de este tipo, seguramente generó dudas también entre los jiennenses.
—Muy bien, a mí me ha sorprendido para bien: la gente ya está concienciada para ayudar, ven que es un proyecto muy bonito, que con una camise que compren ayudan a una persona o a una madre de familia a que tenga un puesto de trabajo. Y además la gente se beneficia, compra una prenda buena a un precio muy inferior, así que se van contentos.

—La pregunta del millón, Ana: ¿quién compra en moda re-? ¿Cuenta con una parroquia homogénea, o hay tanta variedad de clientes como de oferta en el escaparate y en los percheros?
—Aquí viene desde la chica joven hasta la señora mayor, y colaboran con el proyecto. Y tenemos también ropa de caballero (vienen muchos). Y gente que quiere ahorrarse dinero a la hora de comprar. Hay mucha variedad.
—O sea, que hay quien para ir a una fiesta de alto copete se viste aquí...
—Por ejemplo para las graduaciones: si un vestido de marca se lo pueden comprar aquí por veinte euros (porque es para un día, para una ocasión), vienen y lo compran.
—Se la ve realizada, parece que ha encontrado la horma de su zapato.
—Sí. Cuando estuve en el ropero (que me gustaba muchísimo) me di cuenta de la necesidad que hay. Una monja que teníamos allí nos decía siempre que hay muchos pobres vergonzantes, gente que lo necesita porque la crisis ha dejado a muchas familias sin trabajo, pero les cuesta trabajo ir a pedir. Y Jaén es pequeño, nos conocemos todos... Yo, esto, lo vivo, y me gusta, me llena.

VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO
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