
"Lo que más me satisface es que la gente vea mis cuadros y diga que le gustan"
Antonio Moral Bautista (La Carolina, 1960) conserva en casa alrededor de 150 cuadros. Paisajes, edificios, marinas, imágenes religiosas y rincones que primero fotografía y después lleva al lienzo con una precisión que delata aquella facilidad para el dibujo lineal que ya descubrieron sus profesores cuando era estudiante. Nunca llegó a ser delineante, aunque se lo recomendaron. La economía familiar no permitía entonces estudiar fuera de La Carolina.
Hace 23 años, su trabajo en Santa Lucía lo llevó a Málaga. El traslado iba a ser temporal, pero terminó convirtiéndose en definitivo. Allí retomó por su cuenta una afición que venía de niño y que en los últimos años ha ganado espacio en su vida. En 2024 protagonizó en la Fundación Bassa la exposición Pasión por la pintura, rincones de España, con 32 obras dedicadas a lugares de La Carolina, Jaén, Málaga, Salamanca, Valladolid o Bremen, entre otros.
Ahora, ya jubilado, Moral habla en esta entrevista de pintura, de sus particulares métodos frente al lienzo y, sobre todo, de una tierra a la que sigue regresando.
—¿Por qué se fue de La Carolina?
—Me fui porque me trasladaron a Málaga por mi trabajo con Santa Lucía. Primero dijeron que iba para un tiempo, pero al final me quedé allí.
—¿Cuánto tiempo lleva en Málaga?
—Veintitrés años.
—¿Y qué es lo que echa de menos de su tierra?
—Pues mi familia y todo lo que perdí cuando me fui de aquí. Mi casa... Y lo que no perdono es lo que le hicieron, que mi madre murió allí. Ella no quería estar en Málaga.
—Cuando viene a La Carolina, ¿qué le gusta hacer? ¿Cómo le gusta recordar su pueblo?
—Pues dando un paseo por las calles y viendo a la que más quiero, que es mi prima Mati. Yo quiero a todos mis primos, pero ya no se pone nadie. ¿Para qué voy a decir lo contrario? Yo soy claro.
—¿De dónde viene esa vena artística?
—A mí siempre me ha gustado pintar. Desde siempre me ha gustado dibujar y todo eso.

—¿Y cuándo empezó realmente a pintar?
—Un día, aquí en La Carolina, salí con mi hijo a dar un paseo y había una señora que daba clases de pintura. Nos paramos y mi hijo le dijo: "Mira, mi padre se pone todos los días en la ventana a ver cómo pinta la gente que hay dentro. ¿Mi padre por qué no puede venir a pintar aquí?". Entonces la señora me llamó y me dijo: "¿Por qué no vienes? Ven mañana y vemos si pintas bien". Entré y empecé a ir.
—Después llegó el traslado a Málaga.
—Sí. Como me trasladaron a Málaga, yo no sabía si había gente allí para que me enseñara a pintar ni nada y ya empecé a hacerlo autodidácticamente.
—¿El artista nace o se aprende a pintar?
—Se puede aprender, sí, sí. Pero lo suyo es el dibujo. A mí siempre me ha gustado el dibujo y, sobre todo, en clase lo que mejor se me daba era el dibujo lineal.
—De hecho, un profesor ya vio que tenía cualidades.
—Sí. Yo estaba en el instituto y el profesor que había, que era don José Nieto, les decía a mis padres: "Tu hijo vale, tu hijo vale para delineante".

—¿Y por qué no siguió ese camino?
—Porque no había los medios que hay ahora. Había que irse fuera de La Carolina y mis padres no podían. Mi padre era albañil y no podía mantenerme fuera. Yo tampoco era muy buen estudiante, hay que reconocer las cosas como son.
—¿Cómo retomó con más fuerza la pintura en Málaga?
—Pues allí empecé, empecé y empecé. Hace tres años me enteré de la Fundación Bassa y me propusieron poner una exposición. La puse, que me hicisteis vosotros una entrevista, y luego he seguido. He puesto otra exposición y también hemos hecho una colectiva.
—¿Y ha participado recientemente en algún otro certamen?
—Sí. Ahora he llevado un cuadro a Iznate, porque es la feria de la uva pasa, para ver si gusta o no gusta. Estoy a la espera de que me digan si he ganado un premio o no.

—Para quien no haya visto nunca un cuadro suyo, ¿cómo es el estilo de Antonio Moral?
—Mi estilo es paisajismo. Lo que más pinto es paisaje. Ahora me ha dado también por hacer pincel seco, que eso lo aprendí con una profesora de Málaga. Lo estoy haciendo en blanco y negro, pero es óleo, no es carboncillo ni nada de eso. Yo todo lo que pinto es óleo.
—¿Qué le ha dicho la gente cuando ha visto sus exposiciones?
—Pues un día llegó un señor que era arquitecto y me preguntó si yo era delineante. Yo le dije que no, que yo era un simple pintor. Entonces me dijo: "Es que yo no sé cómo usted hace las perspectivas tan bien".
—¿Qué lugares ha llevado a sus cuadros?
—He hecho la Catedral de León, he pintado La Malagueta de Málaga, he hecho La Carolina, la fachada de la iglesia de La Carolina... También pinto imágenes y he hecho varios cuadros de distintas imágenes. Me gusta mucho, pero a mí lo que más me gusta es el paisaje.
—¿Cómo es su proceso para pintar un cuadro?
—Yo hago una fotografía. Voy a la impresora, me la sacan y luego lo que voy haciendo es medir con reglas. La profesora siempre me ha dicho, las pocas veces que he ido a clase: "Antonio, así no se puede pintar". Pero yo soy muy detallista. Entonces voy midiendo, voy haciendo y es la manera en la que yo lo plasmo en el lienzo.
—¿Ha probado otras técnicas?
—Sí, también he hecho pastel y también he hecho sanguina, pero lo que más me gusta es el óleo.
—¿Cuántos cuadros tiene actualmente?
—Pues tengo en casa como mínimo 150 cuadros.
—¿Y cómo se guardan 150 cuadros en una casa?
—Ahora me he puesto una habitación para mí solo. A una amiga que conozco le pedí unas cajas de estas de las lavadoras, las he forrado para que no se vea feo y ahí los tengo todos metidos en bolsas para que, por lo menos, no se raye uno con otro.

—¿Cuál sería su ilusión ahora con la pintura?
—Si pudiera, me gustaría poner una exposición en una galería. Y lo que más me gusta, lo que más me satisface, es cuando va la gente a verlo y dice que le gusta. Es lo que a mí más me gusta. Yo disfruté mucho el tiempo que tuve puesta la exposición.
—¿Los cuadros son como los hijos? ¿Tiene alguno favorito del que no se desprendería?
—Sí. Tengo uno en mi casa que no lo pienso vender. Enseñarlo sí, pero venderlo no. Es uno de Castro Urdiales y lo tengo hecho en grande. Tengo también la Mezquita de Córdoba, dos marinas que hice en clase, que tampoco las voy a quitar, y unos olivos.
—Pero sí ha regalado muchos cuadros.
—Sí, sí, he regalado muchos. A mis primos les he regalado, a hijos de mis primos también. Y a gente que, por ejemplo, me invitaba a una boda, le he regalado un cuadro. Pero yo se lo he regalado enmarcado y todo.

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