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"Si no llega a ser por la pintura, cuando me jubilé me habría muerto"

"Si no llega a ser por la pintura, cuando me jubilé me habría muerto"

Por Javier Cano - Febrero 08, 2026
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Si no fuese porque no se llama Francisco ni su segundo apellido es Moreno, a José Cerezo Arriaza (Jaén, 1950) se le podría confundir perfectamente con el gran Francisco Cerezo Moreno, su tío, con quien guarda un asombroso parecido físico. 

Pero no, ni este periódico maneja una máquina del tiempo ni este profesor jubilado y pintor tardío tiene querencia a la reencarnación por más que sus cuadros reproduzcan, la mayoría de las veces, la monumental obra del universal artista villargordeño.

En su estudio de la Avenida del Ejército Español, rodeado de arte y a la vera de la ópera que exhala un CD, Lacontradejaén escruta hoy a este paradójico buen conversador de pocas palabras y humildad a espuertas. 

—¿Dónde vio José Cerezo la luz primera, en qué parte de la ciudad? Dicen que eso marca.

—En San Bartolomé, en la calle Isabel Méndez, en el mismo barrio donde vivió Cerezo y muy cerca de su estudio.

—Ahí pasó su infancia...

—No, mi padre era funcionario del Ayuntamiento, le dieron una casa en Peñamefécit y nos fuimos allí. Tendría yo unos diez años, y ya toda la vida allí.

—Apellido de artista y obra propia, pero profesionalmente no se ha dedicado usted a la pintura.

—No, mi vida ha ido por otros derroteros pero, como me gustaba la pintura, desde que me jubilé me ha dado tiempo a hacer todo esto que tengo aquí [señala hacia las decenas de cuadros que pueblan su estudio]. He sido profesor.

—Profesor de...

—De Formación Profesional. 

—¿En qué rama, José?

—Electricidad, hice ingeniería técnica en Electricidad.

—¿Esa era su vocación, andar entre cables?

—No, resulta que, cuando yo estudié, en Jaén se estudiaba o para maestro o para ingeniero, no había otra cosa. Como mi padre, económicamente, no tenía para mandarme fuera, estudié lo que había aquí, maestro o ingeniero técnico. Antes de eso hice Maestría industrial aquí, en Millán de Priego, y las opciones que teníamos los que habíamos estudiado Maestría eran esas, entrar en la Escuela de Peritos.

—La Escuela de Peritos..., tan mítica ella. Le habrá dejado recuerdos, buenos recuerdos.  

—Muchos, entonces era joven.

—¿Fue terminar los estudios y empezar a dar clase, no le tentó trabajar por su cuenta?

—Ocurrió lo siguiente: cuando terminé la carrera empecé a hacer montajes eléctricos y monté una empresa, pero estando en eso me llamaron de la Escuela de Maestría Industrial, en Millán de Priego, para sustituir a un profesor que había muerto. Fue una casualidad.

—Entró y ya no salió...

—Pues sí, porque estando allí se convocaron oposiciones, fui a Madrid, las aprobé y ya me quedé en la enseñanza. 

—Y en Jaén, nada de andar de pueblo en pueblo hasta conseguir el traslado definitivo, ¿no?

—Al principio me dieron plaza en Linares, estuve siete años allí. luego volví a Jéen, entré en Las Fuentezuelas y hasta que me jubilé, hace quince años. 

—Se jubiló joven, señor Cerezo. 

—Sí, en la enseñanza te puedes jubilar a los sesenta años; como yo tenía dos profesiones (mi empresa más la de profesor) estaba machacado, y en cuanto me dieron la oportunidad me jubilé. 

—Dice que lo suyo no era la vocación docente, pero tantos años impartiendo clase le habrán compensado, ¿verdad?

—¡Hombre, no tenía vocación, pero también la vocación se va creando; yo he tenido muy buena relación con la gente, me ha gustado ser profesor, me he llevado bien con mis alumnos, y como en la Formación Profesional tenía uno la opción de llevarlos luego a empresas, me he preocupado de que fueran y he procurado que se quedasen colocados. 

—Muchos de esos alumnos seguro que se alegran de cruzarse con usted, lo saludarán con gusto.

—Te puedo decir que cuando me encuentro con alguno de ellos, me llaman, me preguntan "¡don José, ¿cómo está usted?

—Normal, más de uno sacará a su familia adelante gracias a sus enseñanzas y a esas prácticas de empresa...

—Pero lo que pasa es cuando, cuando yo me jubilé, la electricidad había bajado mucho, estaba muy relacionada con la construcción de viviendas y cuando llegó la crisis, cayó. 

—Cambiando de tercio, José: aquí está usted ahora, en este coqueto (y cálido) estudio, rodeado de pintura. ¿Desde que se jubiló encontró en el arte una ocupación?

—Es que yo era una persona muy activa y, si no llega a ser por la pintura, cuando me jubilé me hubiera muerto. Siempre he estado activo.

—Casado y padre de...

—Dos hijos

—Que le habrán salido profesores o pintores, o las dos cosas. 

—No, no, uno es dentista y otra psicóloga.

—Y a usted, José, ¿no le dio por pintar en serio antes? ¿Por qué esperó hasta los sesenta?

—Porque no había tenido tiempo, me gustaba pero con la empresa yo estaba levantado a las seis de la mañana, luego entraba al instituto a las ocho... No tenía ningún hobby, ¡con decirte que no me iba ni de vacaciones!

—¿Cómo fue ese reencuentro con el arte, esa otra vocación suya de toda la vida pero también tantos años abandonada?

—Empecé yendo a la Universidad Popular; antes ya había hecho un curso allí, siendo todavía profesor, para hacer vidrieras, y como tenía relación con la UPM me apunté a acuarela, así empecé. 

—Vamos, que no es usted de ese grupo de pintores de Jaén que, de chaveas, empezaron limpiándole los pinceles a Francisco Cerezo en su estudio del camarín de Jesús.

—No tuve esa relación con él, no; iba de vez en cuando a visitar a mi tío a su estudio, a ver si le sacaba algún cuadro [ríe].

—¿Con éxito?

—No, no, mi tío decía que aquello no era una confitería, que los cuadros no se echaban a perder. 

—¿Se considera un autodicta?

—Yo he aprendido pintando, sí; aquí tengo casi todo lo que he pintado, y se ve lo que hacía quince años atrás y lo que hago ahora. 

—Esto es una auténtica exposición; de hecho, quien quiera ver su obra tiene que venir aquí, a su estudio, porque usted no expone, José, no expone. ¿Por qué?

—Yo creo que soy un poquito corto, me da miedo que los vea la gente y me diga que no le gustan. Yo veo mis cuadros bonitos, pero tú a lo mejor no, y eso me acorta. 

—Recibió una oferta para exponer en el Museo Cerezo Moreno de Villatorres, un ofrecimiento pleno de simbolismo si se tiene en cuenta que allí se preserva, expone y divulga lo mejor de la producción de su tío, incluso sus sus restos mortales reposan allí. 

—Me lo he pensado mucho y, después de mucho pensármelo, creo que me gustaría exponer. Al principio no quería y ahora me gustaría. 

—¡Menuda exclusiva, José! O sea, que habrá exposición suya en Villargordo ya mismo. ¿Le hace ilusión?

—Sí, ya digo que al principio me causó un poco de miedo, pero a la larga creo que, bajo mi punto de vista, tengo algunos cuadros que puedo exponer. 

—Pintor figurativo, en la línea de su tío Francisco: un paseo por su producción también evidencia su predilección por la obra del maestro: bodegones, paisajes, retratos...

—La mayoría de las cosas que he pintado son copias de mi tío, muchas de ellas están en su museo, así que cuando yo exponga allí y se pueda ver uno de mis cuadros al lado del original de mi tío..., ¡eso me da miedo! 

—Eso es admiración, lo imita usted por devoción, por reconocimiento a su grandeza, ¿verdad?

—Es que aunque no haya sido mi maestro de hecho, sí lo ha sido. 

—¿Cree, para terminar, que Cerezo está lo suficientemente reconocido en su tierra, en la provincia de Jaén, o echa de menos un mayor interés por la figura y la obra del pintor?

—Creo que, últimamente, desde su museo, se ha revalorizado mucho a Cerezo, cada vez está siendo más reconocido, y me llena de satisfacción ver que cada vez es más conocida también su obra. 

VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO

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