
"Hacemos una labor social muy importante y hace falta mucho dinero"
José Enrique Solas Hernández (Jaén, 1968) preside la Ilustre, Fervorosa y Muy Antigua Hermandad de la Limpia y Pura Concepción de María y Archicofradía de la Divina Pastora de las Almas desde comienzos del año pasado. Sanitario de profesión, destila aristocracia pastoreña por cada uno de sus poros, por los que exhala una devoción genética hacia la más campesina de las Vírgenes.
—Pastor, pastoreño, presidente de una cofradía eminentemente gremial pero... usted no se ha dedicado precisamente al pastoreo, su vida profesional va por otros derroteros: la enfermería. ¿Ese oficio suyo es también una suerte de devoción?
—Por supuesto que sí, porque dedicarse a los cuidados de las personas es eminentemente vocacional, pero también heredado, porque mi abuelo era enfermero, practicante en aquella época, y esa sangre quedó en mí, esa ilusión para que yo estudiara una carrera que en aquellos momentos parecía inalcanzable.
—¿Por qué, José Enrique?
—Porque había que sacar una nota muy alta para poder estudiar en Jaén. Lo consideré un reto alcanzable, lo hice y disfruto mucho de esta vocación.
—Vamos, que volvería usted a ser enfermero si volviera a nacer.
—Sin ninguna duda.
—Le decía líneas arriba que lo suyo no ha sido la ganadería, pero esos apellidos suyos suenan cien por cien pastoreños, ¿no es verdad?
—Totalmente, la herencia gremial de la ganadería la tengo yo muy reciente: mi abuela Juana, concretamente, camarera mayor de la hermandad, era ganadera, y todos sus hijos se dedicaron a trabajar el ganado, a cuidarlo y a repartir la leche producida por ese ganado. De pequeñitos, en mi casa, recibíamos la leche del lechero y aprendimos a cocerla, a tratarla. Pero los tiempos cambiaron y los gremios, sin llegar a desaparecer, han cambiado también, así que la mayoría de la gente que tenemos en la hermandad se ha dedicado ya a sus estudios, sin olvidarse (eso sí) de Antonio Martínez, nuestro consiliario, con su empresa Levasa.

—Pero, ¿ha llegado a catar usted eso de vivir entre vacas, entre ovejas, o solo cuando ponía el belén?
—Yo no he llegado a catar eso; sí he estado con Antonio en la vaquería, he aprendido a ordeñar y todo eso, pero nada más.
—Una cofradía, la suya, con siglos de historia y presencia en Jaén pero, a día de hoy, ¿qué papel juega en el mundo cofrade jiennense la Divina Pastora?
—No lo he ponderado, pero entiendo y quiero entender que es muy importante ese papel, porque a nosotros nos genera satisfacción y orgullo, y eso es una forma de entender que algo estamos haciendo bien. Mantenemos con la máxima dignidad posible una devoción que hemos heredado de nuestros ancestros, que era el objetivo que teníamos como personas jóvenes que íbamos haciéndonos cargo de la hermandad. Desde el punto de vista del resto de hermandades, creemos que nuestra hermandad no es de las últimas, dentro de sus características humildes y sencillas. Una hermandad de Gloria, de poquitos hermanos, pero a la que siempre se le ha tratado con respeto.
—Mantener viva esa devoción pastoreña es lo esencial para ustedes pero, además de eso, ¿qué es lo más importante para su cofradía? ¿En qué se centra a lo largo del año?
—Nosotros nos centramos fundamentalmente en la obtención de recursos; tenemos una labor social muy importante y nos hace falta mucho dinero, porque creemos que nuestros compromisos deben ser sustanciosos. Tenemos muchas actividades independientemente de los actos y cultos, actividades de bodeguilla, de obtención de recursos, como zambomba, lumbres de San Antón, velada flamenca, la caminata solidaria Divino Pastorcillo en pro de la asociación de autismo...
—No queda otra que inventarse iniciativas con las que obtener fondos, ¿verdad?
—Es inviable mantenernos con las cuotas de hermano, es imposible estar continuamente rascándole el bolsillo a la gente, y tenemos que gestionarnos como una empresa, entre comillas. Eso nos ocupa todo el año, con actividades importantes, de envergadura, más o menos cada dos meses, para que la hermandad pueda afrontar todos sus restos, tanto de obra social como de tipo patrimonial.

—¿Qué causa capitaliza la mayoría de su obra social, señor Solas?
—Tenemos un interés especial por la Asociación de Autismo 'Juan Martos Pérez' de Jaén; se está haciendo una unidad de estancia diurna que ojalá que con el tiempo, en el futuro inmediato, se amplíe mucho más y pueda ser una residencia.
—¿Por qué esa causa y no otra, presidente?
—Por amistad personal, porque tenemos niños autistas dentro de la hermandad y porque hay muchos niños autistas en nuestra ciudad de Jaén. Nuestra hermandad, dentro de las de Gloria, fue pionera en considerar el espectro autista con respecto a la emisión de ruidos: fuimos los primeros en suspender los fuegos artificiales, típicos en el anuncio de nuestras fiestas. Se sometió a cabildo y se aprobó, pero no se dudó ni un momento.
—El reto que han adquirido no es pequeño...
—Queremos financiar un aula de investigación y otra de formación dentro de esa unidad de estancia diurna, tenemos mucha ilusión con la actual presidencia de la asociación, todo va viento en popa.
—En el aspecto patrimonial tampoco andan cojos, ese paso de procesión...
—Se nos ha juntado este año con la restauración del retablo de la Divina Pastora, que hemos tenido la suerte de ser casi la única entidad en Jaén capital que ha obtenido la subvención de arte sacro de la Junta de Andalucía. Pero todos sabemos lo que son las subvenciones, y antes de recibirlas hay que hacer frente a los costes.
—En eso de la subvención sí, pero en otros detalles relacionados con la elaboración del trono procesional las circunstancias no les han sido tan favorables, ¿no es así?
—Me puedo sentir orgulloso, como presidente y gestor de esta hermandad, de que no debemos nada a nadie; cumplimos con nuestros compromisos con el dorado de la siguiente fase pero tuvimos el imprevisto del fallecimiento del artista dorador, justamente cuando se le acababa de dar una cantidad de dinero importantísima.
—Ese dinero...
—Se ha perdido.
—¿Y el proyecto?
—Hemos tenido la suerte de contactar con un artista consolidado, de Priego de Córdoba, que se ha hecho cargo de él.
—Las fiestas de la Divina Pastora están ya aquí, a muy pocos días ¿Cómo se presentan este año?
—El pasado miércoles ya se montó el altar de cultos en San Ildefonso y el jueves empezó el triduo, con el desfile corporativo desde la casa de la hermana mayor, María Dolores Torres. El domingo 20, por la mañana, tendremos la función principal, después del desayuno de hermandad con el que nos obsequia nuestra abanderada mayor, y después el tradicional y antiguo concurso de revoloteadores de banderas, al final de la calle Bernabé Soriano.
—Y el siguiente sábado, día 26, la procesión.
—A las siete de la tarde saldrá la Pastora a las calles de Jaén, durante aproximadamente cuatro horas, con el acompañamiento musical de la Banda de la Esperanza de Málaga, un año más, tremendamente contentos y satisfechos con ellos; abriendo el cortejo contaremos con Los Bravo, un grupo muy prestigioso de piteros y tamborileros, que vienen de la serranía de Huelva.
—José Enrique, seguro que hay quien no tiene clara su agenda para ese fin de semana a estas alturas, ¿qué le diría usted para que opte por acompañarles?
—Que nos acompañen en el triduo, que enriquece muchísimo e incluye la tradicional bendición de los garbanzos y el ofrecimiento de la temporada deportiva por parte de todas las entidades adheridas, a la patrona nacional del deporte. Este año, la lectura de esa ofrenda la va a hacer un deportista de élite que tenemos en Jaén, con catorce años: Marcos Valsera, campeón de España en su categoría, síndrome de Down, muy capacitado para llegar a competiciones internacionales. Tenemos muchas cosas interesantes durante los cultos, y qué decir de la Señora por las calles de Jaén, con muchísimas pastiras y mantillas.
—Esos días ustedes miran al cielo no por si llueve, sino por los calores.
—El septiembre membrillero, sí, pero estamos acostumbrados, seguro que tenemos una tregua.

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