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"Mi primer premio de pintura fue una caja pequeña de lápices Alpino"

"Mi primer premio de pintura fue una caja pequeña de lápices Alpino"

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858

Rafael de la Torre Carrasco (Villacarrillo, 1954) es de esas personas que cuentan sus vocaciones a pares, y a las dos se ha entregado a lo largo de su existencia: la enseñanza y el arte. Maestro y pintor, llegó a la capital jiennense cuando aún no sabía hablar, y ha terminado siendo más jaenero que el paso de aire.

Con exposición abierta en Los Villares hasta finales de mayo y en su estudio jaenés, en lo que fue el ensolerado cine San Lorenzo, el artista y docente repasa su aventura vital para los lectores de Lacontradejaén. 

—Si se vino de su pueblo natal con un año de edad, Rafael, preguntarle por sus recuerdos villacarrillenses puede ser un camino a ninguna parte.

—Con un año me trajeron para acá, sí; de Villacarrillo solamente conozco la calle de la Feria, el cementerio y algún sitio donde fuimos a celebrar algún evento. 

—En una entrevista anterior para este periódico ya aclaró usted que fue el traslado de su padre (trabajador del antiguo Sindicato Vertical) lo que lo trajo a la capital de la provincia. 

—Sí, en la CNS: se estaba yendo un poquito de parranda por aquí y por allí, y mi madre dijo de venirnos a Jaén. 

—Qué arte el de su madre, señor De la Torre. Hablando de arte, expone estos días Luz, símbolo y arte en tierras villariegas: ¿qué lo une al precioso municipio de la Sierra Sur para preferirlo como escenario de esta muestra?

—Mi hija la pequeñita (tenía otra que se me fue al Cielo y tengo otra trabajando en Granada) se fue a trabajar a Los Villares, conoció a un muchacho, se enamoró, son pareja y tienen un bebé precioso. Alguien le comentó que su padre pinta muy bien, le enseñó fotos de mis cuadros y a la gente de allí le gustó, le preguntaron que por qué no exponía allí. Y hemos llevado la exposición a Los Villares.

—¡Vamos, que el yerno no solo ha tirado de la hija sino también del suegro! ¡Qué poderío el de ese villariego!

—Sí, sí, los villariegos son así. 

 Entrevista a Rafael de la Torre Carrasco. Foto: Esperanza Calzado.
Entrevista a Rafael de la Torre Carrasco. Foto: Esperanza Calzado.

—Bromas aparte, ¿qué tal va la exposición? ¿Contento?

—El día de la inauguración fue apoteósico, yo estaba eufórico, emocionado. Fue mucha gente no solo de Los Villares, sino también de Jaén, antiguos amiguetes míos de las pandillas de cuando íbamos a conocer a las muchachas, a las novias.

—Ese título, Rafael, Luz, símbolo y rostro...

—Lo llevo ya por segunda vez, creo que va conmigo.

—Es decir, que ha expuesto anteriormente con ese mismo título.

—Exacto, ese título se lo inventó el párroco de la Merced, don Juan Jesús Cañete; él me ha hecho una introducción en los dípticos de las dos exposiciones.

—La luz...

—Dicen mis compañeros pintores que mis cuadros tienen mucha luz. No sé, porque yo soy autodidacta, aunque estuve un año en Artes y Oficios... Pero no solo es eso, es que mi hija (la que está en el Cielo) se llamaba Mari Luz. De ahí la luz, por la que tienen mis cuadros y por mi hija, a la que quiero mucho. 

—¿El símbolo?

—Porque, si lo analizas, la mayoría de mis cuadros tienen mucho símbolo.

—El rostro es porque Rafael de la Torre practica el retrato con frecuencia, ¿a que sí?

—Exacto, las caras, que son una de las materias más difíciles que existen en la pintura y, por lo que sea, se me da bien. 

 Entrevista a Rafael de la Torre Carrasco. Foto: Esperanza Calzado.
Entrevista a Rafael de la Torre Carrasco. Foto: Esperanza Calzado.

—¿Esto de pintar lo ha acompañado siempre, o es una vocación tardía como la de Van Gogh o Gauguin?

—Tendría yo seis o siete años y mi maestro, don Juan Jiménez Arroyo, hacía una especie de concurso con los dibujos que hacíamos los alumnos, en el colegio de Peñamefécit. Por aquella época dibujábamos los evangelios, y gané uno de ellos, gané una caja chiquitita de lápices Alpino (eso lo llevo yo en mi corazón). Pero no queda ahí...

—Cuente, Rafael.

—Una anécdota: en una libreta, pillando dos páginas, dibujé a Jesús con los doce apóstoles, fui todo orgulloso y se la enseñé a mi maestro, le pregunté y se echó las manos a la cabeza: "¡Ay, Dios mío, desperdiciar dos carillas (así se llamaba antiguamente a las hojas), ahora mismo borras eso y lo dejas impoluto". Así lo hice, con mucho pesar, y como uno tenía su orgullo, cogí el mismo dibujo y lo hice entre dos y dos renglones de las libretas antiguas. Fui orgulloso, se lo enseñé a don Juan y me dijo: "¡Encima cachondeo!". Me pegó un palizón 'que pa qué'!

—O sea, que pinta de toda la vida. 

—Siempre he destacado por el dibujo, pero nunca me lo he creído. 

—Hasta el punto de que jamás ha intentado vivir de la pintura. 

—No, no, no pudo ser; yo hubiera querido, aunque mi profesión de maestro es, para mí, la más bonita del mundo. En sexto del instituto Virgen del Carmen, nuestro profesor de Dibujo, don Juan Cuenca, llamó a mi padre para hablar seriamente con él. Mi padre decía: "¡Qué habrá hecho!". Fue, y don Juan Cuenca le dijo que yo tenía que estudiar Bellas Artes en Valencia, en Sevilla o en Madrid, porque valía. Vino mi padre, me lo contó y me dijo: "Como comprenderás, no puede ser".  

—Los medios económicos, claro.

—Claro, y me dijo que hiciera Magisterio, como mis dos hermanos mayores. Así empezó la historia del Magisterio en mi vida. 

—Una historia que lo ha llevado por...

—Hay gente que tiene suerte, se coloca enseguida en un pueblo y no se mueve ya de allí, pero no fue mi caso: Jamilena, Villacarrillo, Villanueva de la Reina, La Iruela, Cazorla (allí estuve ocho años, nacieron mis niñas...); Baeza, Bailén, y Jaén, en el colegio Santo Tomás, muy orgulloso de ello.

—¿Volvería a ser maestro, antes que pintor titulado, o cambiaría ese episodio de su trayectoria si pudiera?

—No, creo que estoy realizado.

 Entrevista a Rafael de la Torre Carrasco. Foto: Esperanza Calzado.
Entrevista a Rafael de la Torre Carrasco. Foto: Esperanza Calzado.

VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO

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