
"Mi trabajo me apasiona, con esfuerzo y salud aquí está un servidor para seguir"
Como el deán Mazas, el maestro Cebrián o Federico de Mendizábal, Rogelio Sánchez Blanca (San Sebastián, 1973) es uno de esos jaeneros cien por cien que dan lo mejor de sí mismos por su tierra, aunque no hayan visto la luz primera aquí.
Ni clérigo ni músico ni escritor, lo suyo es preservar lo cotidiano o lo extraordinario a través de las imprescindibles fotocopias, además de procurar material de papelería desde ese negocio suyo próximo a la Puerta Barrera donde despliega sus dotes comerciales, su don de gentes.
Apasionado del fútbol sala (más concretamente del Jaén Paraíso Interior) y de la Semana Santa (con el Divino Maestro como estandarte particular), Lacontradejaén fija hoy su Zoom en este "andaluz" confeso de inconfundible voz.

—Seguro que al 90 por ciento de las personas con las que trata diariamente, ni se les pasa por la cabeza que sea usted vasco de cuna, señor Sánchez.
—Yo me considero de Jaén, sobre todo andaluz, porque llevo casi 42 años en Andalucía. Mi padre empezó en Diario JAÉN hace muchísimos años, de ahí pidieron dos personas para incorporasrse a La Voz Nacional, en San Sebastián, y decidió trasladarse allí, donde se casó con la que es mi madre. Y allí nazco yo.
—Familia de Jaén de toda la vida...
—Toda mi familia es de Jaén, sí.
—Y, finalmente, en Jaén.
—En una época mala mi padre pidió traslado a Andalucía y recalamos en Jerez de la Frontera, alli estuve hasta los diez años, hice la comunión y posteriormente, cuando cerraron los periódicos que pertenecían al régimen, tuvieron que reubicar a esos trabajadores, que eran funcionarios; mi padre recaló sus últimos años de trabajo en comisaría, le dieron destino en Jaén.
—¿Nunca ha sentido nostalgia de San Sebastián, o de Jerez?
—Yo no reniego de mis raíces, sé que nací en San Sebastián aunque mi corazón es andaluz cien por cien, y sobre todo de mi tierra, Jaén.
—Con lo patriota que es usted de la Alcantarilla, nadie diría que no es alcantarillero de cuna...
—Cuando llegamos trasladados a Jaén, mis padres compraron un piso en el Gran Eje, que allí es donde he estado yo viviendo todo el tiempo de soltero. Cuando conozco a Bea, la que actualmetne es mi mujer, decidimos irnos a un barrio tranquilo. Ella era de San Felipe, yo del Gran Eje, y un día decidimos ir a ver pisos: el primero que vimos en la Alcantarilla es nuestro domicilio.
—¿Eso fue en...?
—Lo compramos en el año 94, y no me muevo de ahí, no me muevo del barrio.
—Pero, ¿qué tiene la Alcantarilla?
—Al principio (hay que ser sinceros) buscábamos cercanía al centro, que no se va a mover de donde está, y vimos que ese barrio estaba enlazado con el centro a través de la cuesta de Manuel Jontoya. Yo trabajaba en una copistería en el centro y dedidimos comprarnos el piso en la Alcantarilla. Pero ahora nos unen muchas más cosas...
—¿Por ejemplo?
—Nos une que nuestras hijas han nacido en el barrio y que mi hermandad (el Divino Maestro) es del barrio, le tengo mucho cariño. Y mi hermandad hermana de la Estrella y desde este año, una hermandad más, a la que le tenemos ya un cariño muy especial [la Sentencia].
—¿Cómo llegó al mundo de la copistería, de la papelería?
—Nosotros venimos de una familia de la reprografía (mis primos son los Blanca, muy conocidos en el ámbito de la reprografía y a nivel nacional). Mi padre era linotipista del periódico, y llegué por casualidad. Acabo el servicio militar en Ceuta en el año 94 (el mundo militar es mi pasión), pero encontré un trabajo en un momento que vinimos de vacaciones, y por aquel entonces Ceuta no era una ciudad muy segura, lo que me hizo decantarme por quedarme en Jaén. Hice una prueba en una copistería, me aceptaron y hasta hoy.

—Muchos años poniendo DNI en el cristal, ¿no?
—Yo acabo en noviembre del 94 y en diciembre estoy ya trabajando en la primera copistería, estuve primero en Paylu, después en Copyservic con Manolo Castro, al que le tengo un cariño especial porque gracias a él y a mi valentía hoy por hoy tengo mi propio negocio. Manolo Castro, para mí, es una institución aquí, en Jaén.
—¿Le gusta su trabajo? Es más (y hablando con un hombre de Pasión), ¿le apasiona? Es mucho tiempo el que lleva en lo suyo y, sin embargo, destila usted entusiasmo, alegría, positividad tras el mostrador.
—Me encanta, me apasiona el día a día con los clientes, esa manera de actuar con ellos, el tú a tú. Estoy superencantado.
—¿Cuándo decidió dar el paso y hacerse autónomo, dirigir su propio establecimiento?
—En el año 2000 doy el salto.
—¿Se ha arrepentido alguna vez? ¿Echa de menos ser un asalariado (ya sabe, la fama de las fatigas de los autónomos)?
—Bueno, hemos tenido nuestros momentos buenos y también nuestros momentos malos: vino el covid, la crisis inmobiliaria anterior al covid..., pero cuando te apasiona algo, con esfuerzo y teniendo salud aquí está un servidor para poder seguir.
—¿Siempre en la parte alta de la Avenida de Madrid, o probó otras zonas?
—Sí, llevamos en este local desde el año 2000; hicimos un estudio de mercado y considerábamos que era en el centro, el momento de invertir en este sitio.
—Por este negocio pasan gentes de toda edad y condición...
—Aquí vienen las generaciones una detrás de otra, la verdad es que es un orgullo, da alegría; ¡y algo muy anecdótico!
—Cuente, cuente...
—Lo que nos sigue dando fuerzas para seguir trabajando es que la gente, en la tienda, mientras espera que le toque su turno, le suena el teléfono y los oigo decir: "¡Estoy aquí en lo de Rogelio"! Eso me hace sentir más orgulloso todavía y trabajar con más alegría día a día.

—Aquí, en su local, no huele a incienso de milagro, no diga que no. ¿Lo de ser cofrade también es herencia familiar?
—Coincide con la compra del piso en la Alcantarilla, ahí conozco a una serie de amigos del ámbito cofrade como Ramón Calderón, que fue quien me abrió un poco las puertas a este mundo (¡que sí es verdad que a mí me gustaba, aunque no estaba metido muy de lleno en el tema de las cofradías!).
—Jerez tampoco debe de tener muy mala Semana Santa, es curioso que en la baja Andalucía no se le despertara la vena capillita.
—Muy buena, pero ahí me pilla de chiquillo y lo ves de otra manera, es cuando vas creciendo y viendo la manera de trabajar de las cofradías cuando logras adentrarte en ese mundillo.
—Y se adentró tanto que llegó incluso a ser miembro de junta de gobierno de su hermandad, el Divino Maestro.
—Sí, hasta septiembre de este año pasado, que hubo elecciones. Pensaba que era el momento ya de parar un poco.
—¿Cómo ha vivido, entonces, la Pasión de 2026?
—Principalmente muy tranquilo, porque estos años atrás yo era el vocal de Manifestaciones Públicas del Divino Maestro y preparar el cortejo, los distintos grupos que llevaba y mantener un negocio en el que estás todos los días doce o catorce horas, es complicado; este año, viéndolas desde el mundo de un cofrade de a pie, no perdiéndome ni una.

—Un detalle curioso, Rogelio: la gente viene a hacer fotocopias o a comprar un bolígrafo a su copistería y ve cuadros en el escaparate. Cuadros que, por cierto, no tienen pinta de ser fotocopias a color, precisamente.
—Eso es porque mi padre, que actualmente viene todas las mañanas por la tienda, ha pintado desde los 15 años. Es autodidacta, y siempre ha tenido sus cuadros expuestos en el escaparate.
—¡Vamos, que más de un cliente ha venido a por folios y se ha ido con un óleo sobre lienzo bajo el brazo!
—Hay cuadros de mi padre desde Taiwán hasta Australia, todos de jienennses afincados allí que, cuando vienen a su tierra, les da añoranza y deciden llevarse un cuadro para acordarse de Jaén en su casa o en su oficina.
—Taiwán, Australia, San Sebastián, Jerez de la Frontera... Piense por un momento que le ofrecen todo el oro del mundo por irse a uno de esos destinos: ¿dice que no?, ¿se queda en Jaén?
—En Jaén no, ¡en mi barrio de la Alcantarilla!
VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO
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