Cerrar Buscador
"Vengo de generaciones y generaciones de músicos"

"Vengo de generaciones y generaciones de músicos"

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858

Si toda la Banda Municipal de Música de Jaén pudiera resumirse en un solo rostro, uno de los más firmes candidatos a tan honrosa representación sería el de Sebastián Cabrera Checa (Baeza, 1966).

Con sus más de cuatro décadas en las filas de la centenaria formación, el oboísta baezano podría escribir un libro de memorias musicales aprovechando, precisamente, unas dotes literarias que lo han convertido en todo un nombre propio en el ámbito cultural. 

Satisfecho de su trayectoria y comprometido con su jaenerismo, el músico, director y compositor se somete hoy al Zoom de Lacontradejaén a la vera del monumento al maestro Cebrián. 

—Baezano de cuna, pero más de Jaén que un cantón como el de Jesús o de los civiles, a cuya sombra tiene lugar esta entrevista, Sebastián. ¿Por qué se fue con la música a otra parte? O dicho de otro modo, ¿cuándo, cómo llegó a la capital del Santo Reino para quedarse?

—Hace cuarenta y tres años llegué a Jaén porque había una plaza vacante en la Banda Municipal, se iban a jubilar los oboístas y pensaron em mí. Me hicieron unas pruebas, les gusté como toqué y me llamaron. El director que ocupaba el cargo en aquel entonces era Miguel Contreras Sánchez. 

 Entrevista al músico Sebastián Cabrera Checa. Foto: Esperanza Calzado.
Entrevista al músico Sebastián Cabrera Checa. Foto: Esperanza Calzado.

—Cuarenta y tres años, ¡que se dice pronto! Y desde entonces no se ha movido de aquí. 

—Sí: me caso en el año 89 y a partir de entonces resido aquí. Al principio iba y venía de Baeza, cuando aquella carretera era una odisea; poco a poco ha ido mejorando y ahora ya tenemos una comunicación más fluida. Era complicado, yo estudiaba en el Conservatorio de Jaén y en el instituto Santísima Trinidad de Baeza, compaginar los ensayos con el instituto era un poco penoso, a veces tenía que hacer incluso autostop, porque no había combinación para venir. Pero mi amor a la música fue lo que me hizo superarlo todo. 

—Lo pone usted en bandeja para la siguiente pregunta: ¿Vino a Jaén por amor, entonces? Por amor... a la música. 

—Sí, la música ha sido mi vida.

—¿Cuándo tuvo conciencia de ese artístico flechazo?

—Yo vengo de generaciones y generaciones de músicos. En Baeza los Cabrera han sido una familia de tradición musical antigua, de banda, de capilla musical, de todo. Mis bisabuelos eran sacristanes de San Juan Evangelista, en Las Escuelas, y anteriormente ya tenía varias generaciones de antepasados músicos, con más o menos acierto. Según mi abuelo, eran personas muy preparadas musicalmente. 

—¡Vamos, que ha respondido a la voz de la sangre sin rechistar!

—No solo yo, también mi hermano menor, Martín, es músico; y mi hermana Trini, que aunque no ha estudiado Música canta en el Coro Juglares y ha cantado también en el coro de la Banda Sinfónica de Baeza.

—De la devoción a la obligación va un trecho, señor Cabrera, pero en su caso se dan la mano. ¿Siempre tuvo claro que quería convertir su pasión en su oficio? 

—Sí, mi padre nunca me ha obligado a estudiar Música, quizá sabiendo la dificultad que tenía el aprendizaje del instrumento. ¡Se llevó una sorpresa cuando le dije que quería estudiar Música!

—Un padre, por cierto, que tampoco es ajeno a las partituras, al papel pautado, a las corcheas...

—Un excelente músico, magnífico. 

—En una entrevista anterior que tuve el placer de hacerle a su padre me contó que todavía llevaba usted pantalones cortos cuando ya mostraba maneras de músico.

—Mis primeros escarceos los tuve con ocho años, iba a la academia musical de don Jerónimo Morales, un gran maestro de Música; él me llamaba para que fuera a la academia, pero en aquella época me gustaba más jugar y lo dejé. Luego me entró el gusanillo y lo que no hice en varios años anteriores, lo hice en uno solo. Me centré y me bebía los métodos. 

 Entrevista al músico Sebastián Cabrera Checa. Foto: Esperanza Calzado.
Entrevista al músico Sebastián Cabrera Checa. Foto: Esperanza Calzado.

—Qué importantes los maestros, ¿verdad?

—Tuve algunos más, entre ellos el clarinete principal de la Banda de Baeza, Rafael Cabezas Campos, que fue quien realmente me impulsó a estudiar más a fondo el ejercicio de la música. Iba a su casa, a clases particulares, no me cobraba un duro, ¡no quería ni que le regalara un bote de colonia!, se revelaba contra eso, decía que la música había que enseñarla sin cobrar. 

—Miel sobre hojuelas, entonces...

—Sí, y me enseñó muchísimas cosas: a defenderme como músico, a explicarme cómo desarrollar el ejercicio de la música; incluso me aconsejó que tocara el oboe, yo nunca lo había pensado. 

—Del oboe escribió el poeta Baudelaire que su perfume es dulce. ¿Por qué optó por este instrumento y no por otro? El saxo, ya sabe, tiene fama de ayudar a ligar, y al clarinete se le atribuye cierto aire intelectual.

—Don Rafael me dijo que yo tenía embocadura, que tenía temperamento para tocar el oboe; y como mi tío abuelo Julio llegó a ser músico militar (estuvo tocando en la Orquesta Bética de Sevilla) empecé a tocar con un oboe suyo, antiguo, de trece llaves, que me dejaron para que estudiara, a ver si me iba o no el instrumento. 

—Y le fue.

—Me fue, a base de mucho trabajo y estudio.

—Estudios en...

—Estuve estudiando en Madrid con el catedrático Miguel Quirós Parejo, que después ha sido catedrático en el Conservatorio de Granada. Al vernirse de Madrid a Granada, me trasladé con él y terminé la carrera de profesor superior de Oboe en el Conservatorio Superior Victoria Eugenia.

—Pero, ¿qué tiene el oboe? Cuente, cuente...

—Es un instrumento dificultoso de tocar, pero muy bonito. Para mí, el sonido que tiene el oboe es hermosísimo, con una capacidad dialéctica musical que otros instrumentos no tienen, un instrumento solista en la orquesta, con un amplísimo repertorio, y muy destacado.

—¿Satifecho de su trayectoria en la Banda Municipal de Música, señor Cabrera? Son muchos años ya con el oboe en las manos.

—Por supuesto, no puedo agradecer más a Dios que me haya dado trabajo en una tierra a la que quiero, y hacer lo que me gusta hacer: tocar, y en una banda como la municipal de Jaén. 

 Entrevista al músico Sebastián Cabrera Checa. Foto: Esperanza Calzado.
Entrevista al músico Sebastián Cabrera Checa. Foto: Esperanza Calzado.

—¿Seguirá la dinastía, o será usted el último eslabón?

—Mi hijo también es oboísta, lo metí en el conservatorio porque él me lo pidió (en eso seguí los pasos de mi padre); ahora es profesor superior en el Conservatorio de Málaga. Ha tocado en la Orquesta de la Comunidad Europea, en los mejores sitios del mundo, y la verdad es que es un gran músico. 

—Cuidado con la baba, Sebastián, se le está derramando Carrera de Jesús abajo. 

—¡Hombre..., y el abuelo ni te cuento! Ya tiene un eslabón que sigue la familia de músicos. 

—Tanto hablar del amor, del amor a la música... ¿El otro también lo encontró aquí?

—No, mi mujer es baezana. 

—¿Qué relación mantiene con su patria chica? 

—Es férrea, allí me desarrollo culturalmente. Creo que he sido profeta en mi tierra, he sido pregonero de la Semana Santa, de la Tertulia El Capirote, de la Navidad, he hecho miles de presentaciones en un ámbito que en Baeza es fundamental: las cofradías, que mueven a la Baeza cultural, por decirlo de algún modo. 

—Aquí, junto al monumento que Constantino Unghetti labró para el maestro Cebrián, se me ocurre establecer un posible paralelismo entre el toledano y usted. ¿También compone?

—Tengo varias obras, me gusta trabajar en el ámbito cofrade porque soy cofrade, pero no soy muy prolijo, me ha ocupado más el escribir textos literarios, no musicales, que musica en sí misma. Aunque también he hecho mis pinitos, tengo marchas dedicadas a Baeza, a Jaén, piezas de capilla, algun pasodoble...

—¿Y la dirección? ¿Ha llevado muchas veces la batuta, como el autor de Churumbelerías?

—He sido director del Coro de la Catedral de Baeza, primero subdirector con Mari Carmen Arroyo Maldonado, una gran maestra de música coral, muy reconocida; cuando se trasladó a Granada me quedé como director. Y también he dirigido la Banda de Música de la Amargura, que bajo mi mandato se especificó como Sociedad Filarmónica de Jaén. He hecho varios cursos de Dirección, entre ellos con el grandísimo director de la Banda Municipal de Granada Miguel Sánchez Ruzafa.

—Llega la coda, Sebastián: Si no hubiera sido músico...

—Mi gran pasión era la historia, la historia del arte; de hecho, cuando me fui a Madrid, al principio, antes de que me salira el trabajo en Jaén, me iba a ir con un compañero mío, Rodrigo Checa, que luego fue director del Conservatorio de Córdoba. Iba a estudiar Filología y yo me iba a ir con él a hacer historia del arte. Es mi vocación frustrada, pero la he podido ejercer no con titulación, pero sí como afición. 

 Entrevista al músico Sebastián Cabrera Checa. Foto: Esperanza Calzado.
Entrevista al músico Sebastián Cabrera Checa. Foto: Esperanza Calzado.

VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO

He visto un error

Únete a nuestro boletín

COMENTARIOS


COMENTA CON FACEBOOK