
"El canto es una gran pasión, una vez que empiezas se vuelve obsesivo"
Como la gran Victoria de los Ángeles, la protagonista del Zoom de esta semana tiene nombre de diva y apellido sonoro, de galaicas reminiscencias familiares. Soprano, docente y pianista, Victoria Cerceda García (Jaén, 1972) cuenta los días para un otoño pleno de proyectos que (si el destino no desafina) la llevará a importantes escenarios de España
—La música, Victoria: su pasión.
—Sí, y la literatura también, pero de momento ha podido más la música. Espero poder ponerme a escribir cuando tenga más edad y esté mas estable.
—¿Cuándo, cómo llegó la música a su vida?
—En mi casa siempre ha habido tradición por los instrumentos de cuerda, la bandurria, la guitarra... Yo empecé con la guitarra. Mi abuela insistió en que me apuntara a la rondalla del colegio, y le dije que no (por llevarle la contraria), pero me metí y lo pasaba muy bien.
—Es que eso de no hacerle caso a las abuelas...
—Y a los padres, sí.
—Decía usted que le lllegó la música...
—El canto lo descubrí cuando tenía trece años, se me colocó la voz y me di cuenta de que podía tener voz lírica. Con quince años fui al conservatorio, con María del Consuelo Santa Bárbara, a hacer una prueba, a ver si tenía cualidades para la carrera, y me dijo que sí. El canto es una gran pasión, una vez que empiezas es como obsesivo, siempre pendiente de la técnica, de cómo colocas la voz, de cómo respiras.
—Ella le dijo que sí, que usted tenía cualidades. ¿Qué hizo, entonces, además de ponerse más contenta que unas castañuelas?
—Matricularme: ya estaba yo estudiando Piano, me matriculé en Canto y seguí con las dos especialidades.
—¿Terminó ambas?
—Piano sí, tengo mi tiíulo de profesora; Canto me fui a estudiar a Granada, y me quede en tercero.
—Una asignatura pendiente que quizás algún día se saque, ¿no?
—Ahora no hay escusa para terminarla, sí.
—Así empezó una carrera de la que, ¿se siente satisfecha, si hace balance?
—Estoy satisfecha, pero veo que puedo dar más pasos. Lo último ha sido una prueba en el teatro Cervantes de Málaga, y me han cogido para interpretar óperas. Es una empresa que lleva cuatro teatros de España, el teatro Real, el de Gijón, Canarias y el de Málaga.
—Eso son palabras mayores, señora Cerceda.
—Ea. Yo tengo una voz de soprano lírica spinto, muy dramática, con tintes graves. Cuando me necesiten para alguna producción, me llamarán.
—No apague usted el teléfono ni para esta entrevista, Victoria. Y hablando de teatros de España: aquí, en Jaén, ¿es posible llenar una agenda de actuaciones como soprano lírica, o cree que no es un género que haya calado entre sus paisanos?
—Yo creo que sí, que cada vez hay más afición. Todo es moverse.

—¿Usted ha podido vivir de su arte en el Santo Reino?
—Algo he hecho, como aquel concierto en la Real Sociedad Económica de Amigos del País...
—Evoca con cariño esa actuación, se le ve en la mirada, se percibe en su manera de recordarlo.
—Claro, fue muy agradable. Yo veía allí actuar a María del Consuelo y me hacía mucha ilusión interpretar en La Económica.
—María del Consuelo Santa Barbara de Sicilia: toda una institución musical y cultural en Jaén. ¿Qué significan para usted su figura y su trayectoria?
—Es mi referente, la que me inculcó la pasión y la fascinación por el canto, o la importancia de la presencia en el escenario, que es muy importante. Me enseñó también lo espiritual del canto, que es la voz del alma. Ella me lo enseñó todo.
—Su maestra...
—Una gran artista y mi maestra, sí.
—¿Considera que Jaén está en deuda con la insigne soprano?
—Creo que merece mucho más. Se ha entregado absolutamente, nunca se ha guardado nada para ella, y eso merece toda la consideración. Además no ha parado, por muchos puntos de España; ha tenido muchas ofertas, pero se ha quedado aquí por amor a Jaén.

—¿En qué momento de su carrera se encuentra Victoria Cerceda?
—Creo que he avanzado mucho.
—Por lo pronto vive usted fuera de Jaén, y eso viste, da caché.
—Tres años hace: primero me fui a Motril, luego a La Zubia y ahora vivo en Armilla.
—Tierra de voces líricas, Granada. ¿Qué buscaba allí?
—Hay más oportunidades que aquí, y puedo hacer formación con otros artistas, un artista solo no crece.
—¿Hizo bien al irse?
—Sí, pero echo mucho de menos Jaén, por eso vengo tanto: la Carrera, el castillo, los baños árabes son muy significativos para mí, y sobre todo Jabalcuz.
—¿Por qué? ¿Qué tiene esa montaña, esos jardines?
—Que mis grandes amores siempre han pasado por Jabalcuz, allí quedábamos siempre.
—Escenario de su amores, como de los de Miguel Hernández y Josefina Manresa...
—Sí, muy intensos, y que han dado frutos: allí hay una energía que invita al romanticismo.
—¡Vamos, que sigue yendo por Jabalcuz cada vez que puede!
—Sí, sí.

—Es usted muy jaenera, ¿no?
—Sí, por supuesto.
—Entonces seguro que le gustaría trabajar aquí más de lo que lo hace.
—Sí me gustaría trabajar en Jaén, que cuenten conmigo. Ahora creo que han montado una compañía lírica, quiero contactar con ellos para que cuenten conmigo. Y he vuelto a proponer un concierto en La Económica, con aire clásico, con Lorca, un espectáculo que ya he llevado a varios sitios de Granada.
—Plena de proyectos se la ve.
—Ahora, en verano, está más parada la cosa, así que esperando al otoño, a ver dónde me mandan.
—¿Y la enseñanza, Victoria? ¿No se ha planteado ese camino, como hizo su maestra?
—Sí, y enseño piano y canto en Granada, pero preferiría dedicarme a la parte artística solamente, aunque es muy duro.
—Mire hacia atrás, pasee por su vida y responda: ¿repetiría todo lo que ha hecho?
—Sí, volvería a hacerlo todo.

VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO
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