
"He trabajado mucho por esta ciudad sin cobrar nada"
Victoria Romero Sabalete (Barcelona, 1973) se ha recorrido media Europa unas veces con una soleá a flor de labio, otras con el estremecedor Amor brujo de Falla o con esos ejemplos de fusión que jalonan su trayectoria, su celebrada carrera.
Catalana de nacimiento pero afincada en el mar de olivos desde hace la tira de tiempo, esta cantaora y docente de lo jondo conserva intacto un prestigio que, sin embargo, no se corresponde con la consideración que (asegura) se le regatea en la provincia. Con la misma sinceridad con la que tía Añica la Piriñaca decía que cuando cantaba a gusto la boca le sabía a sangre, hoy Victoria Romero se sincera ante el Zoom de Lacontradejaén.
—¿Qué hace una barcelonesa en Jaén (o una jiennense de Barcelona), mejor dicho.
—Mejor dicho, sí, porque mis raíces familiares no pueden ser más de aquí que el aceite. Mi madre era del barrio de la Magdalena y mi padre, de Carchelejo. Como tantos emigrantes, fueron a Barcelona y allí nací yo, siempre me decían que por error. Me gustaba mucho esta tierra y en el año 2000 me vine para acá.
—En cuanto pudo, volvió.
—Sí, además era algo que quería hacer.
—Muchos y muchas de quienes se fueron, decidieron quedarse allí para los restos. Usted no, ¿por qué? ¿No le ofrecía oportunidades profesionales Cataluña, sentía que Andalucía era el marco idóneo para la aventura vital y profesional de una artista flamenca?
—De hecho mi carrera la empecé allí, las oportunidades que había allí, en Barcelona, evidentemente en Jaén no estaban, pero fue una decisión, quise cambiar de vida y como Jaén siempre me gustaba, desde niña, empecé aquí con el padre de mi hija.
—¿Satisfecha con la mudanza?
—Estoy satisfecha, pero cuando retomé mi parte artística vi que evidentemente había sido un error, aquí se apuesta poco a nivel cultural, bajo mi punto de vista, y a nivel de flamenco también diría que poco. A mí me chocó mucho el contraste de estar en Barcelona, o en Sardañola (donde yo vivía) y en el entorno, que había una peña flamenca debajo de cada piedra y se hacían actividades cada fin de semana. Me chocó mucho ver que aquí no existía ese movimiento, ni en Jaén capital ni en la provincia.
—¿Sigue teniendo esa misma visión de la vida cultural (y flamenca) de la provincia, o ha cambiado?
—Para mí sigue en la misma línea, hay pocos actos, que se reducen a Jaén capital como peña flamenca; hay algunos puntuales, pero no hay un sábado cualquiera, normal, donde puedas ir a reunirte, donde puedas cantar, donde el aficionado al flamenco tenga opción de poder hacerlo; y en la provincia tampoco.

—Sorprende mucho que eso lo diga alguien con una trayectoria realmente apabullante, una cantaora considerada una maestra por muchos y muchas.
—Pues sí, la verdad. Yo he sido una de las voces de Jaén que ha puesto de relieve a la mujer en el flamenco, porque ha sido siempre la gran desconocida. En la historia del cante tenemos mujeres como la Niña de los Peines, que todo el mundo conoce: Pastora Pavón. Pero nadie conoce por ejemplo a la Rubia de las Perlas, que es de la provincia de Jaén. A mí eso me chocó mucho y lo que hice fue alzar la voz por esas personas que hicieron mucho pero que siguen siendo las grandes olvidadas y, sin embargo, tuvieron trayectorias impresionantes. No solo la Rubia de las Perlas, también la Voz de Bronce, que recorrió Nueva York; no hablamos de personas que se movieron solo en un café cantante cualquiera, sino que tuvieron mucho renombre en la provincia. Y he rescatado las clases de cante flamenco, algo que no existía antes.
—¿Por qué? ¿Es que nadie quería aprender a cantar?
—Había la creencia, dentro de la ortodoxia, de que el cante no se podía enseñar (todavía hay quien lo piensa), que el cante no es algo que puedas aprender, que naces con eso. Siempre he estado en contra, una cosa es que tú puedas tener el llamado duende o algo como artista que enganche, pero otra cosa es que no puedas aprender a cantar flamenco. En eso he sido pionera aquí en Jaén. Y también soy la gran olvidada, supongo que debe ser por la edad.
—¿Por la edad? ¿Qué quiere decir, exactamente?
—Creo que se le da paso a todas esas generaciones que se considera que, como están empezando, tienen mucho más que decir que quienes tenemos una trayectoria consolidada. Eso también me molesta, porque existimos, y no yo sola, hay figuras como Niño Jorge o Rafael Maderas, que han construido la historia del flamenco en Jaén pero están relegados.
—Está usted nombrando a clásicos jondos de aquí. ¿No será que las nuevas tendencias flamencas no los quieren ver ni en pintura?
—Bueno, yo precisamente nunca he sido una cantaora clásica, siempre se me ha encasillado en otro lugar. Yo he mezclado mucho, vengo de Barcelona y evidentemente la mezcla cultural que hay allí no es la que hay en Jaén. Yo he mezclado con el jazz, con el clásico, abanderé durante mucho tiempo el grupo Los Pulseritas, de flamenquito, aquí, en Jaén. No creo que tenga nada que ver con eso, yo he empezado a plantearme que es un problema que sufren todas las artistas en el ámbito del espectáculo, a consecuencia de la edad.
—Hechas estas reivinidicaciones, cabe destacar que usted no para, que sigue en los carteles.
—No paro, estoy presente pero menos que otras veces, y eso me ha llevado, lógicamente, a reciclarme en el mundo laboral. El mundo del artista es muy complicado, muy difícil para vivir, pero reconozco que me gustaría estar más presente, no necesariamente en escenarios.

—¿Dónde, entonces?
—En el mundo del movimiento cultural del flamenco.
—¿No será que tiene usted un caché muy alto?
—[Ríe] No lo creo, en absoluto. De hecho, si me pongo a hacer recuento he trabajado mucho por esta ciudad sin caché.
—En el Jaén actual, ¿una cantaora puede vivir del flamenco?
—Actualmente no
—¿Así de claro?
—Rotundamente, es así.
—¿De qué manera se ha reciclado para seguir compatibilizando su arte con eso que llaman ganarse la vida?
—Yo hice mi reciclaje en dos ámbitos distintos, uno en el Superior de Flamenco y otro en el área más pura y dura administrativa, que es en la que actualmente estoy trabajando. Voy coordinando con ello mi faceta artística.
—Cuentas, operaciones, facturas... qué distinto (y distante) de lo suyo, ¿no?
—Muy distinto, pero también interesante.
—Habrá días que saldrá usted de la oficina cantando por peteneras o seguiriyas, por cantes trágicos.
—[Ríe] La verdad es que me dan ganas de cantar lo más trágico del mundo.
—Pero al final canta por alegrías, se lo toma con positividad.
—Hay que hacerlo
—Si es o no la primera administrativa de su familia puede ser interesante, pero más aún lo es saber que en lo del cante sí que no lo, que le viene de estirpe.
—No soy la primera voz, pero sí la primera que se ha dedicado profesionalmente.

—Evoque a esas voces de su sangre.
—He contado con la ventaja de tener a mis dos abuelas, que cantaban muy bien, una en la parte saetera, por tonás, y la otra por los cantes de compás; y también mi bisabuela la soleá, los cantes del campo... Pero no se dedicaron, estaba mal visto antiguamente que las mujeres se dedicaran a eso.
—Sucesora también tiene...
—Mi hija Paula, sí, ha asumido esa herencia, y yo orgullosa.
—Paula Perabá, que ya vuela con sus propias alas, aunque a veces es posible verlas juntas en el escenario.
—Sí, esa es para mí una de las experiencias más enriquecedoras y bonitas, poder cantar con mi hija en el escenario, poder compartir ese momento.
—¿Ha sido usted su maestra, además de madre y transmisora genética?
—Sí, lo sabe y lo siente así. Y me gusta que cuente conmigo, no me gustaría que me dejase al margen. Además hay mucha compenetración entre las dos.
—¿La ha advertido de esas dificultades con las que se encontró usted misma a su llegada a Jaén? ¿Se imagina que ella también choque con esa realidad?
—Bueno, me lo he imaginado, ella lo conoce y lo sabe, porque lo ha visto, ha conocido mi trayectoria anterior y la de Jaén, cuando ya pudo ser consciente. De hecho, en una entrevista que le hizo Lacontradejaén ya contó que ella está también en el mundo del marketing y la publicidad, no ha perseguido dedicarse exclusivamente a la profesión como cantaora, lo va combinando y lo lleva bastante bien.
—Para concluir, Victoria: si le ofrecieran volver a Cataluña y relanzar allí su carrera, ¿haría las maletas? ¿O ya no podría abandonar Jaén?
—Esa oportunidad ha estado ahí durante muchos años; de hecho, cuando yo termino los estudios me ofrecen plaza allí, pero tengo raíces aquí, están mis hijos, mi familia, ¡no lo veo! Si durante todos estos años no me lo he planteado pudiéndolo hacer, ahora sigo sin planteármelo. Pero tampoco lo descarto en un futuro, quizá cuando vea a mis hijos hacer su vida, me lo plantee. Ahí a lo mejor sí soy más mayor y quiero otra vida.
VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO
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