Marcos Jódar Olivares, el poeta de la churrería ambulante

Barcelonés de nacimiento pero linarense de ascendencia y residencia, siente pasión por un oficio que siempre deseó ejercer y en el que lleva apenas unos meses
El refranero español derrocha sentencias sobre el universo churrero, y casi siempre con un sentido peyorativo. ¡Que algo sale mal, es que ha salido hecho un churro! ¡Que alguien hace cosas de forma repetida, facilona y sin originalidad alguna, es que las hace como los churros! Y todo esto sin hablar de la relación que se establece, de antiguo, entre la falta de higiene y los palos del churrero.
Un 'ataque' al que Marcos Jódar Olivares (Barcelona, 1978) responde con palabras, con rimas de su propia cosecha, amante de la lectura y de escribir poesía, como es él: "Alegría, alegría, ¡come churros todos los días!".
O lo que es lo mismo: que si el mester de clerecía tiene a Gonzalo de Berceo y el mester de juglaría al autor (anónimo) del Cantar del Mío Cid, habría que crear un nuevo género, el 'mester de churrería', con Marcos Jódar a la cabeza.
"Yo soy un churrero de nueva generación, mi percepción es muy personal", confiesa a Lacontradejaén. ¡Lo dicho, un Matías Martín en su oficio, como aquel inventor de palabras, de conceptos, que en La Colmena inmortalizó Cela!, también creador de versos por más que el Nobel le llegara gracias a su obra narrativa.
Afincado desde hace casi veinte años en Linares, de allí es toda su familia, que años atrás se vio obligada a marchar a Cataluña "a buscarse las habichuelas", explica. Una vez en la tierra de su sangre, lo tiene claro: "Ya soy más linarense y andaluz que catalán, pero sin renegar de mi tierra, evidentemente".
No heredó el amor al 'tallo' (la riqueza de sinónimos en torno a 'los calentitos' es amplia, vaya que sí) de sus ancestros: "Mi padre era soldador y mi madre, ama de casa", afirma. Pero después de toda una aventura vital "de buscavidas" como mozo de almacén, pintor, en el campo o como empleado de transportes y mudanzas, en cuanto pudo cumplió su anhelo: "Tenía el deseo de dedicarme a algo que he buscado siempre ser, las relaciones públicas, atender al público, el trato con la gente".
Akí tu churro es su negocio, que abrió en septiembre de 2025 y por ahora no le procura más que satisfacciones: "El balance es positivo, aunque esto es como un bebé al que hay que darle de comer y beber todos los días", dice.
Y así lo hace: los lunes en Villanueva de la Reina, los martes en Pegalajar, en Arjonilla los miércoles y en Jimena los jueves. Hasta Lahiguera se desplaza cada sábado, y en cuanto encuentre el pueblo que busca para los domingos, allí estará.
Para eso se ha formado, a la vera "del señor Francisco, maestro artesano de Linares de toda la vida", aclara. ¡Que sí, que el primer día aquello fue un auténtico 'churro', "comestible pero no con la forma que tenía que tener", recuerda Marcos evocando la primera vez que tomó los palos y no acertó ni... eso, ni a palos.
"Salió fatal, pero como soy muy metódico y cuando quiero aprender algo no para hasta que no lo consigo, me cueste lo que me cueste, después del cursillo estuve practicando en el remolque yo solo, hasta que salió bien".
Metódico, lector, hombre sensible al que oírle hablar de su trabajo da gusto, como a Ragueneau, el pastelero poeta de Cyrano de Bergerac: "Disfruto mucho, desde la segunda semana con la churrería en los pueblos ya tenía gente fija, esa es una satisfacción personal muy mía, me la tomo como un agradecimiento, ellos son nuestros jefes, los que valoran nuestra atención y nuestro producto, y cuando haces algo con pasión y con dedicación exclusiva para el cliente, los resultados son buenos".
Un enamorado de lo suyo, a quien avalan cada vez más comentarios en las redes sociales y con el boca a boca, cuya vocación para el trato con el personal garantiza que (¡otra vez el refranero!) jamás mandará a nadie a la 'porra'.
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