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Pianos en la calle y la música que viene de dentro

Por Esperanza Calzado - | Actualizado:
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Pianos en la calle  y la música que viene de dentro
Uno de los alumnos del Conservatorio toca el piano en la Diputación de Jaén. Foto: Esperanza Calzado.

Ni tan al aire libre ni tan encerrados: entre andamios, turistas y nervios, el preludio del Premio Jaén deja ver lo que no cabe en el programa oficial

La música ha salido hoy a la calle en Jaén. O al menos eso dice el programa.

En la práctica, los pianos siguen dentro —en espacios solemnes, con buena acústica y mejor protocolo—, pero hay algo que sí ha cambiado de lugar: los músicos. Estudiantes que abandonan por un rato la rutina del Conservatorio para exponerse a otra cosa. A otros oídos. A otros silencios.

En el Palacio Provincial de la Diputación de Jaén, el arranque de “Pianos en la calle” ha tenido además un matiz inesperado. Las obras en la lonja han impedido abrir las puertas como cabría esperar en un evento que presume de salir al exterior. Y, sin embargo, la música ha encontrado su manera de escaparse.

Porque las notas han surcado los andamios, han sorteado el polvo y la estructura metálica, y han terminado colándose en la céntrica Calle Bernabé Soriano. Allí, entre el paso distraído del mediodía, han sido varios los viandantes —la mayoría turistas— los que se han acercado, quizá sin saber muy bien qué ocurría dentro, pero atraídos por algo que no figuraba en ningún cartel, la curiosidad.

Mientras tanto, dentro, el acto seguía su curso.

Autoridades, cifras, calendario y esa idea repetida —y seguramente cierta— de que Jaén brilla a nivel internacional cada primavera con el Concurso Internacional de Piano Premio “Jaén”. Todo en su sitio. Todo previsto.

 Autoridades junto a participantes en le programa
Autoridades junto a participantes en le programa "Pianos en la calle". Foto: Esperanza Calzado.

Pero entre dato y dato, entre los 165 inscritos y los 60 seleccionados, hay otra historia que no cabe en los números.

La de quienes están todavía aprendiendo a sostener todo esto.

Porque detrás de cada recital de una hora hay años que no se ven. Empezar casi por casualidad, elegir un instrumento sin saber muy bien por qué, repetir una misma pieza hasta que deja de ser ejercicio y empieza a ser música. Y en medio, encajar la vida alrededor de algo que exige mucho y devuelve poco… al menos al principio.

Tocar fuera del conservatorio, por ejemplo, no es solo “una oportunidad”. Es un pequeño salto. Cambian los nervios. Cambia el aire. De repente, lo que antes era ensayo se convierte en exposición. Y ahí ya no hay paredes conocidas que amortigüen el error.

Mañana, el Centro Cultural Baños Árabes recogerá el testigo. Después llegará el concurso, los premios, los nombres que sí ocuparán titulares. Y todo seguirá su curso previsto.

Pero en este preludio hay algo más frágil —y quizá más interesante— que el propio certamen: el momento en el que la música todavía no es carrera, ni prestigio, ni cifra. Solo una práctica constante, sostenida en el tiempo, con la incertidumbre de no saber muy bien cómo acabará.

Se puede vivir de esto, dicen. Aunque a veces haya que “buscarse cómo”.

Mientras tanto, Jaén se llena de pianos que no están exactamente en la calle, pero sí lo suficiente como para atravesar andamios, colarse entre turistas y recordar —aunque sea por unos minutos— que la música siempre encuentra salida. 

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