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Una mujer entrañable: Lola, 'la tallera de Fuensanta'

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858
Una mujer entrañable: Lola, 'la tallera de Fuensanta'
Dolores Ruiz Merino, la tallera de Fuensanta, en una imagen de juventud. Foto cedida por María Inés Contreras.

De sus noventa y cuatro años de edad, más de setenta se los ha pasado cocinando churros, despachándolos y, en muchos casos, aliviando el hambre a la gente

Un churro puede ser pequeño, grande, corto, largo..., pero si hay algo que nadie le discute es su capacidad calórica, lo que alimenta a cualquier estómago vacío y lo que entona el cuerpo, nada más cruzar la boca. 

Que se lo digan, si no, a tantísima alma como Dolores Ruiz Merino (Fuensanta, 1932) ha sentado a la mesa de su negocio a lo largo de su vida; criaturas a las que esta sensible y trabajadora mujer veía necesitada de sustancia y que, gracias a su generosidad, saciaron el hambre y se sacudieron el frío muchas veces:

"Decía a la gente que se sentara, cuando veía que venían del médico, y les daba un cafelico calentico y un papelón de tallos, que muchos no le pagaban", comenta su hija María Inés, el por ahora último eslabón de una dinastía tallera que empezó hace la tira de años y ella mantiene viva.

"Mi madre empezó con mi abuela Cesárea, su madre, no sabemos si mi bisabuela también era tallera; mi madre lo heredó de mi abuela y ha sido la tallera del pueblo, no ha habido otra. Ahora los sigo haciendo yo", aclara.

Tan celebrados han sido siempre sus churros, sus tallos, porras o como se les llame por aquí o por allá, que hasta han inspirado a las poetas del pueblo a la hora de escribir sus versos: "Su caseta al llegar la feria / era de lo más esperado, / entraba la gloria bendita / al que probaba sus tallos", firma Teresa Parra. 

 Con su marido, Antonio, ya fallecido. Foto cedida por María Inés Contreras.
Con su marido, Antonio, ya fallecido. Foto cedida por María Inés Contreras.

Toda una vida de trabajo, "por lo menos setenta años" (asegura María Inés), y una personalidad que ha dejado huella entre sus paisanos: "Ha sido muy buena para todo el mundo", comenta su hija, ya que Dolores no puede hacerlo por  sí misma desde que, en pandemia, una afección le robara esa voz suya que durante décadas fue la única y mejor banda sonora de sus puestos de churros.  

Casada con Antonio Contreras Contreras, del que enviudó hace trece años y con quien compartió el trabajo entre humo y calor, Lola la tallera ha sido una mujer emprendedora, o como atestigua su hija: "No le ha temido a nada, si hacía falta aceite iba con su carrillo a por él, y si le hacía falta harina iba y se echaba un costal a la cintura". Lo dicho, que no le temía a nada. 

Tanto es así, que si no llega a ser por la decisión de su hijo menor de acabar (literalmente) con la churrería, cualquiera sabe si Lola no estaría aún con los palos en sus manos: "Se jubiló por lo menos dos o tres años después de cumplir los sesenta y cinco, se quedó haciendo tallos los sábados y domingos y mi hermano el más pequeño le quitó la chimenea, le rompió la sartén y ya tuvo que jubilarse", recuerda María Inés. 

Poco que ver con su vida de hoy en día, ya sin los madrugones que se tenía que pegar para sacar adelante su negocio y, con él, su propia casa: "Ahora está una semana con cada hijo, se levanta a las nueve, va al centro de día de Martos, luego llega a su casa sobre las seis y media, ve la tele, hace puzzles, cosas con lana...

¡Ah, y si se tercian unos churritos...! Le encantan, todavía se los subimos y se los picamos y sopamos en una taza de leche. Quien tuvo retuvo, dice un refrán. 

Madre de seis hijos, abuela de "trece o catorce" y bisabuela de ocho bisnietos, todo parece indicar que la tradición tallera de la casa acabará en su hija María Inés. Pero eso sí, Fuensanta siempre tendrá en su Dolores Ruiz Merino, en su Lola la tallera, toda una referencia sentimental. 

 Foto de familia de los Contreras Ruiz. Foto cedida por María Inés Contreras.
Foto de familia de los Contreras Ruiz. Foto cedida por María Inés Contreras.

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