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El Calafate y el Glaciar Perito Moreno: qué ver y cómo visitarlo

Por Redacción - | Actualizado:
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El Calafate y el Glaciar Perito Moreno: qué ver y cómo visitarlo

El Calafate y el Glaciar Perito Moreno: el viaje a la Patagonia que todo amante de la naturaleza debería hacer

El Calafate y el Glaciar Perito Moreno: el viaje a la Patagonia que todo amante de la naturaleza debería hacer

Hay destinos que cumplen exactamente lo que prometen. El Calafate, en la provincia de Santa Cruz al sur de Argentina, es uno de ellos: una pequeña ciudad patagónica que existe, en buena medida, para dar acceso a uno de los espectáculos naturales más sobrecogedores del planeta, el Glaciar Perito Moreno. Para quien haya soñado alguna vez con ver un glaciar en toda su magnitud —kilómetros de hielo en movimiento, torres de cristal azul, el estruendo de bloques que se desprenden hacia el agua— este rincón del extremo sur del continente americano es el lugar.

Por qué el Perito Moreno es diferente al resto de glaciares del mundo

El mundo tiene miles de glaciares, pero muy pocos ofrecen lo que ofrece el Perito Moreno: accesibilidad total y espectáculo constante. Mientras la mayoría de los grandes glaciares del planeta retroceden año a año como consecuencia del cambio climático, el Perito Moreno mantiene un equilibrio dinámico que lo convierte en una anomalía fascinante para los glaciólogos y en una experiencia irrepetible para los viajeros.

El glaciar avanza aproximadamente dos metros diarios hacia el Lago Argentino. Esa tensión permanente entre la masa de hielo que empuja desde las alturas y el agua que lo socava por debajo genera el fenómeno más impresionante que puede presenciar un visitante: el desprendimiento de bloques de hielo de varios metros de altura que caen al lago con un estruendo parecido al de un cañonazo. Los lugareños llaman a este proceso "calving" y puede ocurrir en cualquier momento, en cualquier punto de los casi cinco kilómetros de frente glaciar que se extienden ante los miradores del Parque Nacional Los Glaciares.

A diferencia de otros glaciares del mundo que requieren travesías de varios días o acceso helicóptero, el Perito Moreno está a apenas 80 kilómetros de El Calafate por una carretera asfaltada en buen estado. El parque nacional dispone de una red de pasarelas de madera que se asoman al glaciar desde distintas alturas y ángulos, permitiendo disfrutar del espectáculo sin ninguna preparación física especial. Es, en ese sentido, un glaciar democrático: uno de los pocos fenómenos naturales de esta magnitud al que puede acceder cualquier persona con independencia de su forma física o experiencia montañera.

El Calafate: más que una puerta de entrada

El Calafate tiene unos 25.000 habitantes y vive casi enteramente del turismo, lo que convierte a la ciudad en un lugar excepcionalmente bien equipado para el viajero. Su calle principal, el Bulevar del Libertador, concentra la oferta de restaurantes, bares, agencias de viaje y tiendas de artesanía patagónica en un tramo de apenas diez manzanas que se recorre a pie con comodidad.

La gastronomía local merece atención propia. La Patagonia argentina es tierra de cordero —el asado de cordero patagónico es uno de los platos más celebrados de la cocina argentina— y El Calafate ofrece numerosos restaurantes donde probarlo en distintas preparaciones. El centolla, la centolla del Estrecho de Magallanes, aparece también en muchas cartas como producto estrella de la región.

La temporada alta va de noviembre a marzo, cuando las temperaturas oscilan entre los 10 y los 22 grados centígrados y el fotoperiodo es extraordinariamente largo: en pleno verano austral amanece antes de las seis y no oscurece hasta después de las diez de la noche, lo que multiplica las horas útiles para explorar el entorno. Fuera de ese período la ciudad reduce su actividad, aunque el glaciar sigue siendo visitable durante todo el año y tiene un atractivo especial en invierno, cuando el silencio y la luz patagónica de los días cortos le dan un carácter completamente distinto.

Más allá del mirador: las excursiones que vale la pena hacer

Ver el glaciar desde las pasarelas es la experiencia básica e imprescindible, pero la oferta de excursiones en El Calafate va mucho más allá. Para quienes quieran acercarse al hielo de forma más intensa, existen varias modalidades de trekking sobre el glaciar que permiten caminar literalmente sobre su superficie con crampones, explorar grietas de color azul profundo y escuchar el glaciar desde dentro.

Una de las opciones más completas para conocer el territorio es la excursión Todo Glaciares, que combina en un mismo día la navegación por los brazos del Lago Argentino —pasando frente a los glaciares Upsala y Spegazzini, este último con una pared de hielo que supera en altura a la del Perito Moreno— con la visita a las pasarelas del glaciar más famoso. Es la forma más eficiente de ver el conjunto del sistema glaciar del Parque Nacional Los Glaciares en una sola jornada, especialmente recomendable para quienes dispongan de tiempo limitado.

Para los más activos, la localidad de El Chaltén, a unas tres horas al norte por carretera, ofrece acceso al macizo del Fitz Roy y a algunas de las rutas de trekking más espectaculares de toda América del Sur, sin necesidad de guía ni equipo especial para las rutas marcadas. El Calafate funciona también como base logística para quienes quieran explorar el lado chileno de la Patagonia y visitar las Torres del Paine, uno de los parques nacionales más reconocidos del mundo, a unas cuatro horas en autobús cruzando la frontera.

Cómo llegar y cuánto tiempo dedicar

El Calafate dispone de aeropuerto internacional con vuelos directos desde Buenos Aires (unas tres horas de vuelo) y conexiones con otras ciudades argentinas. La aerolínea Aerolíneas Argentinas opera la ruta con mayor frecuencia, aunque la competencia de otras compañías ha ampliado las opciones en los últimos años. Desde Europa no hay vuelos directos: Buenos Aires es el hub de entrada habitual, con conexión posterior a El Calafate.

Para una visita que incluya el glaciar con comodidad, la navegación por el lago y alguna excursión adicional, se recomiendan un mínimo de tres noches. Quienes quieran añadir El Chaltén o las Torres del Paine necesitarán entre cinco y siete días. El alojamiento en El Calafate va desde hostels económicos hasta lodges de lujo con vistas al lago, con una oferta amplia en el rango intermedio que satisface sin dificultad la demanda de la temporada alta.

Para planificar excursiones y reservar con antelación, especialmente en enero y febrero cuando la demanda es máxima, calafate.tours ofrece información detallada sobre las distintas opciones disponibles y permite gestionar las reservas directamente en línea.

Un destino que cambia la perspectiva

Hay algo en la escala de la Patagonia que resulta difícil de describir antes de haberla visto. La inmensidad del paisaje —el lago de color turquesa casi irreal, la masa de hielo que avanza despacio pero sin pausa, el viento que baja de los Andes con una fuerza que recuerda constantemente la pequeñez del ser humano frente a la naturaleza— produce en la mayoría de los viajeros una sensación que va más allá del turismo convencional. No es exagerado decir que El Calafate es uno de esos lugares que se llevan puestos de por vida.

Para quienes buscan un destino que combine naturaleza en estado puro, buena infraestructura turística y la posibilidad de elegir entre la contemplación tranquila y la aventura activa, la Patagonia argentina ofrece una propuesta difícilmente superable en el panorama mundial del turismo de naturaleza. El Glaciar Perito Moreno sigue ahí, avanzando sus dos metros diarios, indiferente al tiempo y a los miles de viajeros que cada año acuden desde todos los rincones del mundo a contemplarlo.

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