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“Estamos muy ilusionados con el nuevo edificio del 'Andrés de Vandelvira' y vivimos un curso de transición"

“Estamos muy ilusionados con el nuevo edificio del 'Andrés de Vandelvira' y vivimos un curso de transición"

Por Fran Cano -
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Rubén Fernández Gómez (Jaén, 1977) es director del Conservatorio Superior de Música ‘Andrés de Vandelvira’ de Jaén desde julio de 2022. Especializado en Musicología y amante de la música desde niño, Fernández celebra la nueva etapa del centro en las instalaciones estrenadas el pasado mes de septiembre.

“Oportunidad” es una de las ideas que más ensalza el responsable de un centro con 240 alumnos, a los que ve con la ilusión de llegar a grandes orquestas de Andalucía, España y el extranjero. Hay un nuevo impulso en el conservatorio, una fuente de motivación que irá a más en los próximos cursos, según revela Fernández desde su despacho.

—¿Qué tal ha sido la experiencia del Festival Síntesis?

—Ha sido todo un éxito en cuanto a público, más de lo esperado, y también por lo productivo que ha sido para nuestro alumnado y para el resto de visitantes que han acudido a disfrutar de las instalaciones sonoras. Además, el acercamiento a estas innovadoras experiencias musicales ha sido importante. Hablamos de un género minoritario, pero que tiene su público y que también necesita este tipo de actividades.

—¿Cómo surgió la idea?

—Todo surgió de la mente de Helena Cuenca de la Rosa, nuestra compañera. Ella es compositora y ocupaba una plaza de Tecnología Musical. Tiene una formación polivalente y mucha inquietud por la música contemporánea. Hace tres años me propuso crear un festival de un día y medio, como fue la primera edición. Invitamos a un grupo de Sevilla con vínculos con Jaén, Taller Sonoro, del que forma parte mi antiguo compañero Javier Campaña. Es un grupo que se dedica a la música contemporánea, a explorar nuevas facetas del lenguaje musical. Ese concierto-taller atrajo mucho al alumnado del conservatorio.

Después, Helena Cuenca siguió dándole vueltas y propuso una segunda edición con mayor envergadura. Llegaron las colaboraciones y el patrocinio de la Universidad de Jaén, la Fundación 'la Caixa' y la Asociación de guitarra clásica Ángel Piñer. Así hasta este año, en el que de nuevo hemos duplicado el presupuesto, se han ampliado las actividades, se han afianzado alianzas y se han creado nuevas, como con la Universidad Popular Municipal. 'Síntesis' demuestra estar muy vivo: tiene muy buena salud y demanda, que es lo importante.

—¿En qué se puede mejorar?

—Algo que está dando muy buen resultado es la sinergia y la combinación de las artes, que no es nada nuevo. Este año hemos combinado música con danza y ha dado muy buen resultado. Síntesis se basa en la fusión de diferentes disciplinas, como la música, el audiovisual, las artes consagradas y las nuevas tendencias.

—Experiencias así motivan a los alumnos más allá de la rutina, ¿verdad?

—Claro. Para el alumnado de Producción y Gestión es una oportunidad inmejorable de poner en práctica la organización de un festival, de un evento a media o gran escala. El resto de los estudiantes —los de interpretación— ven en Síntesis una oportunidad de abrir nuevas vías y explorar nuevos horizontes de la música con sus instrumentos.

"LAS INSTALACIONES ERAN UNA NECESIDAD ACADÉMICA Y DE DIGNIDAD PROFESIONAL"

—Es el primer curso en estas nuevas instalaciones. ¿Cómo está siendo?

—Había muchísima ilusión y ganas. También ha supuesto enfrentarse a cosas nuevas y aún por hacer. Veníamos de quince años compartiendo edificio y de no existir más allá de las tres de la tarde. Era algo que limitaba las posibilidades de acción. Ahora estamos a jornada completa, mañana y tarde, y tenemos unas instalaciones perfectas para desarrollar cualquier tipo de actividad. Nos estamos adaptando al espacio y, poco a poco, los recursos del centro van funcionando. Estamos en un año de transición y esperamos que el año que viene podamos desarrollar todo con normalidad y garantías desde el inicio. Tendremos la misma o más ilusión y estaremos más asentados.

—A nivel de recursos, es otro escenario, ¿no? Un salto cualitativo.

—Sí, claro. Sobre todo en cuanto a espacios: podemos dar charlas, talleres y conferencias en cualquier tramo horario. Además, podemos mostrar al público el resultado del aprendizaje en eventos y espectáculos. Es también parte intrínseca del alumnado, que debe ir más allá de formarse en el aula. Tiene que mostrar resultados en el exterior, que es la realidad profesional de la música.

—¿El profesorado siente que aquí puede potenciar aún más el talento de los alumnos?

—Efectivamente. El profesorado ve aquí una oportunidad de aportar creatividad a su práctica docente y no limitarse únicamente al aula.

—¿Tardó demasiado la mudanza desde la calle Compañía o cómo lo vivieron?

—La mudanza como tal no supuso nada: un par de semanas en el mes de julio. Lo que sí se retrasó fue la finalización del edificio. Recuerdo que entonces todavía quedaban cosas por hacer por parte de la empresa constructora. Ya está todo terminado. El año pasado vimos con inquietud que llegaba septiembre y parecía que esto no acababa. En la calle Compañía llegó un punto en que la convivencia de dos centros no era viable; suponía incomodidad para todos. Asentarnos en este edificio era una necesidad a nivel académico, logístico y de dignidad profesional.

—Y sobre los estudiantes, ¿qué aspiraciones profesionales tienen? ¿Dónde los veremos en el futuro?

—Me gustaría que estuviesen todos en grandes orquestas y bandas. Ojalá. La realidad del mundo musical es compleja. El alumnado que termina debe seguir formándose para lograr un puesto relativamente estable que le dé garantías de futuro profesional. Ésa es la ilusión de todo profesor o director: ver a su alumnado en el puesto que desea. Aquí, la mayoría aspira a ser profesional de la interpretación. Muchos lo consiguen y otros, por ejemplo, llegan a la docencia, como es mi caso. También hay casos de quienes terminan en Andalucía o en el extranjero. Quienes participan en programas Erasmus tienen la oportunidad de conocer la vida musical fuera de nuestras fronteras.

En Centroeuropa la tradición musical está más arraigada, hay más orquestas y se valora el trabajo de los músicos de otra manera. No obstante, en los últimos años en España han surgido más orquestas y agrupaciones, lo que contribuye a dar estabilidad al gran número de músicos que completan sus estudios en conservatorios de Andalucía y del resto del país.

"LAS INSTALACIONES ERAN UNA NECESIDAD ACADÉMICA Y DE DIGNIDAD PROFESIONAL"

—¿Qué hace falta para ser director de un conservatorio como el ‘Andrés de Vandelvira’?

—Accedí al cargo tras cumplir cinco años en la Jefatura de Estudios, lo que me dio un conocimiento amplio del funcionamiento del centro. Para ser director es necesario un plus de ilusión y esfuerzo para trabajar en un proyecto en el que creo. Cuando accedí, era un momento muy ilusionante: el inicio de una nueva etapa para el conservatorio superior de la provincia. Eso fue lo que me impulsó a asumir este proyecto de dirección, que cumple cuatro años y vence en 2027. Ya veremos si se prorroga o no.

—¿Hay una fecha para decidir y hacer balance?

—Sí. Todos los centros en Andalucía funcionan igual. El cargo de dirección se accede mediante un procedimiento establecido y tiene una duración ordinaria de cuatro años, correspondientes a cursos académicos. Pasado ese tiempo, hay que renovarlo o se abre un nuevo proceso. Mi mandato vence el 30 de junio de 2027. El primero fue de nombramiento extraordinario. Lo superé y aquí seguimos.

—Si tuviera que decidir ahora, ¿qué haría?

—A día de hoy no lo tengo claro, sinceramente. Son muchos factores.

—¿Qué significa la música para usted?

—Para mí es toda una vida. Puede parecer un tópico, pero a la música se llega desde niño y, si se tienen cualidades, puedes dedicarte a ello profesionalmente. Así llevo desde los ocho años. La música ha sido mi vida y también mi profesión.

—Terminamos con la ciudad. ¿Ha vivido aquí siempre?

—He estudiado y trabajado en ciudades como Granada, Córdoba y Huelva. Nunca olvidaré mi primer destino como profesor de Piano en el Conservatorio Elemental Vicente Sanchís Sanz, en Isla Cristina. Jaén no tiene nada que envidiar a otras capitales. Goza de una excelente salud musical, con una red de conservatorios consolidada y numerosas agrupaciones en prácticamente todas las comarcas.

Esto permite que desde edades tempranas muchos niños desarrollen su talento. Algunos estudian en conservatorios elementales; otros pasan a los profesionales y algunos llegan al conservatorio superior. Jaén está muy bien posicionada en términos musicales gracias también a su tradición.

—Como ciudadano, ¿cuál es la gran urgencia de la capital?

—El gran déficit son las comunicaciones, especialmente las ferroviarias. Invitamos con frecuencia a profesores de fuera de Andalucía e incluso del extranjero. Muchos nos dicen que tardan más en llegar a Jaén desde Córdoba o Madrid que en el propio vuelo. Es un lastre tanto para atraer alumnado como para recibir artistas y pedagogos. Estamos en pleno siglo XXI, en 2026, y las comunicaciones ferroviarias son realmente deficientes.

Fotos y vídeo: Fran Cano.

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