Las espigas del campo de Jaén, 80 años a los pies de El Abuelo

Réplica de las ofrendadas al Nazareno en 1859 por la Confraternidad de Labradores en agradecimiento por la lluvia, las actuales datan de 1946
Si el próximo Viernes Santo no llueve ni el viento de Jaén lo impide, el imponente 'barco' dorado sobre el que Nuestro Padre Jesús Nazareno sale en procesión de madrugada llevará, como singularísimo 'mascarón de proa', ese entrañable jarroncillo plateado que habita un jaenerísimo ramo de espigas cargadas de historia.
Y eso que no son las originales, las que en 1859 (ya ha llovido, nunca mejor dicho) le ofrendó la Confraternidad de Labradores de Jaén en gratitud por la lluvia que sació los campos tras una de esas sequías aparentemente inacabables con las que, de cuando en cuando, el cielo castiga al Santo Reino.
Como en 2023, los jiennenses de mediados del XIX sacaron al Señor de los Descalzos a las calles de aquí, a ver si su presencia ablandaba a las nubes. ¡Vaya si las ablandó! Un auténtico temporal, según las crónicas, fue la meteorológica respuesta a los ruegos que le pedían agua!
En memoria del suceso, y como consta en el archivo de la cofradía, recibió Jesús aquellas espigas de plata labradas por Gerónimo León, en su taller de la ensolerada calle Maestra, que le duraron a El Abuelo en su trono exactamente hasta 1936, el año de la Guerra.
¿Cómo es posible, entonces, que a día de hoy continúen saliendo con Él del Camarín? Mucho tiene que ver en ello la figura del decimocuarto conde de Humanes, descendiente de aquel antepasado que, con la desamortización de Mendizábal, en 1836, adquirió el convento y el templo carmelitanos para convertirlos en palacio.
Sí, don Manuel Sáenz Messía echó de menos la graciosa presencia del ramito de espigas de plata en la procesión del Viernes Santo y, apoyado por el colectivo labrador (heredero, asimismo, de la antigua Confraternidad) impulsó la recuperación de tan poético símbolo.
Realizado en Córdoba, la nueva ofrenda se colocó a los pies de Jesús en 1946 aportando, además, la novedad de unas ramas de olivo junto a las espigas, en clara alusión al carácter aceitunero de la provincia.
Arrimaron el hombro, económicamente hablando, desde instituciones hasta particulares, que hicieron posible que el ramito en cuestión sea realidad, de nuevo, tantos años después.
Lo dicho, si el próximo Viernes Santo no llueve ni el viento de Jaén lo impide...

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