RÓTULOS JAENEROS QUE HUELEN A INCIENSO

En plena víspera del Domingo de Ramos Lacontradejaén invita a un sugerente paseo por las advocaciones y los nombres propios de la Pasión jiennense que denominan un buen número de vías urbanas de la capital del Santo Reino
Si el tiempo no lo impide, Jaén volverá a reencontrarse (mañana mismo) con una de sus principales tradiciones: la Semana Santa. Una celebración que pide calle a gritos y que, precisamente a cielo raso, discurre en muchas ocasiones por vías urbanas rotuladas con advocaciones o nombres propios imprescindibles en la historia de la Pasión según Jaén.
De forma que recorrer el callejero jiennense es, entre otras muchas cosas, adentrarse también en la memoria de gentes que se batieron el cobre por sus cofradías o de imágenes titulares que desde hace la tira de tiempo presiden la existencia de los jaeneros.
En plena víspera del Domingo de Ramos, Lacontradejaén invita hoy a sus lectores a un sugerente paseo por las calles cuyos rótulos huelen a incienso.

POR ORDEN ALFABÉTICO
Con el propio callejero oficial jaenés entre las manos (editado por el Ayuntamiento en 2025), la primera personalidad que se viene a los ojos es la del poeta, archivero y académico iliturgitano Antonio Alcalá Venceslada (Andújar, 1883-Jaén, 1955), honrado con la antigua calle de la Ropa Vieja.
Cofrade de honor de El Abuelo, del Santo Rostro y fundador de los Cruzados de la Virgen de la Cabeza, perteneció también a la Santa Capilla de San Andrés, a su inspirada pluma se deben versos como aquellos memorables: "El cantón de los civiles, / frente al lugar donde antaño / tuvo la sagrada imagen / de Jesús, su trono sacro, / en la iglesia del convento / de frailes carmelitanos. / Que por ellos lleva el nombre / de Jesús de los Descalzos".
Hermano suyo en la devoción y en las filas de Nuestro Padre Jesús, el que fuera alcalde de la capital entre 1901 y 1902, Alberto Cancio Uribe, agente de negocios (entre otras muchas dedicaciones) que a su pertenencia a la muy cofrade tertulia del Portalillo unió cargos como el de gobernador de El Abuelo y que da nombre a una vía de la Alcantarilla.
Cerca de la UJA tiene su calle el alcalde Ricardo Velasco Pro (1872-1954), un procurador muy vinculado a la Cofradía de la Buena Muerte, de la que fue subgobenador en los primeros años de la hermandad que, en 2026, se halla en plena celebración de su primer centenario.
Otra alcaldesa, Carmen Peñalver, titula el parque Botánico de Jaén. ¿Que qué pinta en este reportaje? Bajo su mandato se inauguró, allá por 2009, el restaurado Camarín de Jesús, que luce también la gracia de esta regidora en sus placas conmemorativas.
En las alturas de Jaén, la calle Alfredo Ruiz Guerrero, insigne músico autor de las populares Jaeneras y de composiciones de claro aliento cofrade como Viernes Santo, Oración al Santísimo Cristo de la Expiración o sus Canticos populares religiosos, dedicados a la Virgen de la Capilla.

En el barrio de San Juan (cuya plaza preside su estatua, proyectada por Jacinto Higueras Fuentes y concluida por su hijo, Jacinto Higueras Cátedra) tiene su calle, su larguísima calle (la antigua Maestra Alta) el poeta de Jódar Antonio Almendros Aguilar (1825-1904), por haber vivido en ella hasta el día de su muerte.
Nieto suyo, el dibujante Antonio Almendros Soto (al frente de la recordada agencia de publicidad Atlas, en la plazoleta donde hoy se erige el monumento al cofrade jiennense), autor de atractivos carteles de Semana Santa a partir de la década de los 40 del pasado siglo XX, o sea, los carteles pioneros, la edad de oro de los carteles pasionistas al alimón con Serrano Cuesta, también con calle en Jaén. Todo a su tiempo.
¿Qué hubiera sido de la devoción más grande de aquí sin Antonio Delgado Anguita, aquel mítico herrero de la calle Berberiscos que se jugó el tipo (pero de verdad) para salvar a El Abuelo de la hoguera a comienzos de la Guerra Civil? Jaén lo honra, cotidianamente, evocándolo en un rótulo de Belén y San Roque.
Antoñete, el mítico Antonio Romero, el conocido futbolista, entrenador y emoción realjaenera encarnada en alma y cuerpo hasta su muerte en 2006, fue hermano mayor de la sección de San Juan de la Cofradía de la Expiración. Si sus cenizas reposan en el césped del campo de la Victoria, un rótulo lo recuerda en la zona del Bulevar.
Vinculado a la hermandad del Jueves Santo estuvo también el arquitecto Pablo del Castillo García-Negrete, autor del proyecto del prodigioso Crucificado expiracionista y con calle cerca del cementerio viejo, donde yace don Bernabé Soriano, titular de la calle más cofrade de Jaén (dicen quienes saben de esto), la Carrera de toda la vida, y habitante cotidiano de la ciudad desde esa estatua peregrina que, por ahora, sigue más o menos donde se ubicó cuando Jacinto Higueras la creó.
Histórico de la Virgen de la Capilla, cofrade de Jesús y de la Santa Capilla de San Andrés, en su caserón noble de la Carrera de Jesús cobijó muchas veces la imaginería del antiguo Santo Entierro de Jaén, hasta su muerte en 1909, 39 años después de que cerrara sus ojos para siempre el poeta Bernardo López, devoto hermano de El Abuelo y autor de hermosos poemas de aliento pasionista, entre ellos su soberbio Stabat Mater.
De la calle Camarín de Jesús hay poco que decir, su propio nombre justifica su presencia en este reportaje, y a tan cofrade denominación se une la singularidad de ser la única calle de Jaén (y seguramente del mundo entero) dedicada a una camarera, a una vestidora: María Dolores Torres Almazán, que a la vera de Jesús de los Descalzos llevó sus cruces personales hasta que su muerte, hace ahora una década.

En las alturas de la capital tiene su calle don Cándido Carpio Ruiz, canónigo de la Catedral, entusiasta de la Virgen Milagrosa e impulsor de su monunento en la Alcantarilla, si bien su labor cofrade encontró el marco idóneo durante su etapa como párroco del Sagrario y, por ende, vecino irremediable de La Buena Muerte.
Miembro del Cabildo catedralicio fue, asimismo, el iliturgitano don Fernando Gallardo Carpio, "el cura rociero", capellán de la hermandad jiennense y pregonero de Gloria, de cuyo fallecimiento se cumplen veinte años en 2026. El Bulevar acoge su calle.
Por su parte, cerca de la carretera de Circunvalación hay que ir para 'escuchar' lo que proclama el rótulo dedicado al cantaor Canalejas de Puerto Real; gaditano de cuna, la Guerra lo trajo al Santo Reino y aquí se quedó para los restos, enterrado en su cementerio nuevo y vivo en la memoria cofrade por la gracia de su personalísima voz, que derramó a labios llenos como saetero desde su casa de la calle Roldán y Marín (¡qué calle tan cofrade!).
Colega suya, Rosario López es todavía una dolorosa ausencia en el Jaén contemporáneo, que la vio irse hace también una década. Cofrade de la patrona, pregonera de Gloria e hija predilecta de su patria chica, nació y vivió en el Cervantes y prácticamente hasta su último aliento le cantó a sus imágenes predilectas.
Cañuelo de Jesús: una de esas particularidades que si las tuviera Sevilla, sería famosa en el mundo entero, pero está en Jaén. Sí, cinco calles de aquí (Carrera de Jesús, Frente a Jesús, la ya citada del Camarín, el propio Cañuelo y la calle Jesus, así, sin tilde) llevan el nombre del Abuelo ¡A ver dónde pasa eso! No son los únicos reconocidos con vía urbana local, que también las tienen los Cristos de Chircales, de la Clemenia y de la Expiración.
Lo mismo que el gran cronista Alfredo Cazabán, miembro de la junta de gobierno del Santo Sepulcro y continuo estudioso de la historia cofrade jiennense, a más de autor de unas preciosas saetas. Tiene calle y hasta premio con su nombre. Otro cronista, Vicente Oya, pregonero recurrente y en su día cronista de Nuestro Padre Jesús, también cuenta con honores callejeros, en el Bulevar en este caso.
Del doctor Eduardo Arroyo (la calle de Correos, pronto de las oficinas del Ayuntamiento), itinerario oficioso de La Buena Muerte) cabe destacar sus fantásticas películas cinematográficas, las primeras de la Semana Santa de Jaén. De esa cofradía del Miércoles Santo fue igualmente hermano mayor Juan Nogales, cuya calle se extiende en la zona paralela a la Avenida de Madrid, hacia Belén y San Roque.
En San Bartolomé, la que recuerda al deán doctor Sánchez de la Nieta, director espiritual de la desaparecida (y reivindicada) Cofradía del Santo Rostro, y en San Felipe la glorieta que honra a doña Lola Torres, insigne folclorista que entre su obra de recuperación musical no olvidó las tradicionales saetas de Jaén y provincia.

¿Poemazos cofrades? Los de Federico de Mendizábal, autor de la letra del Himno de Jaén, que vivió en las calles Salido y cuesta de la Alcantarilla pero que tiene la suya en la antigua Mesones. Y cerca del Bulevar, la dedicada al gran fotógrafo Jaime Roselló, cuya pericia y sensibilidad legó a Jaén fotos cofrades de cartel, auténticas obras de arte del encuadre.
Cofrade del Santo Rostro fue Francisco Rodríguez Acosta, inmortalizado en un rótulo cerca de la Avenida de Ruiz Jiménez, en tanto próxima al cementerio viejo tienen la suya los hermanos, sacerdotes y gemelos, Álamo Berzosa. ¡Cuánto tuvo que ver Francisco en La Borriquilla, y qué belleza la pieza musical que Guillermo dedicó al Señor de la Buena Muerte, entre otras!
De otra calle dedicada a unos hermanos, los Espejo Tortosa, viene que ni pintado a estas páginas digitales Rafael, gobernador de la Clemencia y pregonero de la Semana Santa del 95. O los Senise Colmenero, creadores de miniaturas y orlas que dieron caché a un montón de carteles de cultos y actos, diplomas y pergaminos cofrades.
Muchas citas pasionistas presidió Hermenegildo Terrados (con plaza en la ciudad) en su calidad también de presidente de aquella Cámara de Comercio que durante décadas fue la sede de la Agrupación de Cofradías, con el ventanón de José Galián en la calle Hurtado como delgada línea de frontera entre la calle Hurtado y los adentros de la institución.
¿Qué decir de Jacinto Higueras, que alumbró hace un siglo al Crucificado del Miércoles Santo? Peñamefécit lo honra como hacen las cercanías del Arrabalejo con el teniente general Joaquín Nogueras, cuyo fajín sale en procesión, cada Viernes Santo, con Jesús Nazareno, su principal devoción, en cuyas filas de la madrugada militó años y años.
Calle a su nombre tiene también VICA, el inolvidable caricaturista, que pregonó a la Virgen de la Capilla y con su hábil talento retrató, de forma inconfundible, a cientos y cientos de grandes cofrades. O la poetisa Josefa Sevillanos, que da nombre a la antigua Ludeña, en uno de cuyos balcones recitó, ya herida de muerte, unos versos casi póstumos a Jesús. Por la crónica de prensa de aquel momentazo sabe Jaén que ya en el siglo XIX al Señor del Camarín se le conocía popularmente como El Abuelo. Callando bocas, vamos.
La calle Juan Pedro Gutiérrez Higueras, de la que tanto sabe El Gran Poder, evoca a aquel ilustre médico que, como jefe de salud mental en Las Bernardas, tanto arrimó el hombro para facilitar el salvamento de la imaginería local que pudo sobrevivir al 36. Otro sanitario, Juan Torres, recibe el cariño diario de su tierra desde el rótulo en el que campea su popular heterónimo: Juanito el practicante. ¿Qué habría sido de la hermosísima Dolorosa de San Juan sin la valentía de este enamorado mariano, que la acogió en su propia casa?
No muy lejos de San Juan, una larga carretera conduce (bajo su nombre) a la patria chica de Juanito Valderrama, sabio cantaor que no ahorró melismas saeteros a su amplia y exitosa discografía. ¡Hasta la Macarena tiene una plaza en Jaén! No es raro, si se tiene en cuenta que la devoción a la Esperanza sevillana nació aquí, en las cercanías de Carchelejo. Lo mismo que aquí nació la Madrugada, eso que llaman 'madrugá'. Y Jaén, sin presumir de ello.

¿Maestros? Haberlos haylos: Bartolomé, el rejero de la Santa Capilla de San Andrés, con calle aledaña a Castilla. O Emilio Cebrián, creador de Jesús Preso, Nuestro Padre Jesús, Macarena, Cristo de la Sangre... José Sapena, también director de la Banda jaenera, padre del muy cofrade Orfeón Santo Reino (¡la de pregones que amenizó en el Asuán!) y marchas como El Descendimiento, Virgen de los Dolores, el Himno de Santa Catalina, Cortejo Blanco, Virgen de las Angustias... ¡Cuánta maravilla!
Músico fue también Tomás Fernández Parras, con calle en los alrededores de Peñamefécit: ¡La de veces que salió con las procesiones de Jaén!
A los pies del cerro de Santa Catalina tiene su calle Manuel Ruiz Córdoba, gobernador de la Santa Capilla, hermano mayor de La Expiración y (¡¡¡atentos!!!) cofrade de todas las hermandades de Jaén, que lo acompañaron, con sus respectivos estandartes, en su último adiós allá por septiembre de 1947. ¡El gran Manolito Ruiz!
Merced Alta, y ya estaría todo dicho si no fuera porque le engrandece tan cofrade denominación el hecho de estar dedicada a la Virgen de los Clavitos, como Luesco llamaba a la Señora de Martínez Cerrillo; Luesco, Luis Escalona Cobo, ya inmortalizado, entre paréntesis, bajo las gordas letras de la calle Muralla.
Algo más arriba, Montero Moya recuerda al poeta que escribió el precioso padrenuestro que ilustra estampas y libros recién editados; eso sí, con algún verso completa y caprichosamente distinto a lo que firmó don Manuel María.
En esa zona empieza Morenó Castelló, poeta cofrade volcado en la Virgen de la Capilla, y hacia San Ildefonso Muñoz Garnica, la calle Ancha como se la llamó siempre. Escribió, mucho, sobre La Morenita, y desde hace la tira de tiempo es una de las vías urbanas más cofrades de Jaén.
Para muchos, Damián Martínez Linde es una calle por donde pasa El Gran Poder, pero deben saber que aquel ilustre músico firmó la melodía del reloj de San Ildefonso, que durante décadas lanzaba a los cuatro vientos, dos veces al día, eso de "Bendita sea la hora en que María Santísima descendió del cielo a la ciudad de Jaén para socorrer a nuestros mayores...". ¿Se acuerdan? Qué lástima que ya no suene. Hablando de ene...
Con la N comienza el nombre de la calle Nuestro Padre Jesús de la Piedad, a un tiro de piedra de su casa de hermandad, y cerca del Gran Eje, en la otra punta, el obispo Romero Mengíbar, que tanto se implicó en la vida cofrade diocesana.

Clérigo fue también Eduardo Moya, que en su parroquia de Santa María Madre de la Iglesia alentó a la Hermandad de la Caridad y Consolación y dirigió espiritualmente a la Virgen Blanca; a su memoria se dedicó una calle en el Bulevar.
Otra vez para arriba, a San Bartolomé, donde se evoca cada día, con su callejón, al pintor Carmelo Palomino, perteneciente a una comprometida familia cofrade de Jesús Nazareno y que retrató al Abuelo, por el cuarto centenario de su cofradía, dicen que de manera insuperable. Alguna edición de Pasión y Gloria lleva en su portada la firma de este bohemio inolvidable.
Otro artista, Francisco Cerezo, con calle en la zona del Bulevar: pintó el cartel de la Semana Santa del 95, otro de Gloria con la Virgen de la Capilla como protagonista, plumillas maravillosas de la Virgen de las Angustias y sus angelitos y (muchos no lo saben), salvó el Camarín de su derribo. Si no es por el pintor de Villargordo, que allí tenía su estudio en alquiler antiguo, hoy día no quedaría ni una piedra sobre otra del santuario de El Abuelo.
O José María Tamayo, cuya obra sale en procesión cada Jueves Santo, en el estandarte de La Expiración. O Serrano Cuesta, el Sorolla del mar de olivos, autor de aquellos magníficos carteles jaeneros de Pasión o de las fiestas de la patrona, todo un referente en lo suyo. Los dos son honrados con calles en la capital, igual que José Nogué, el maestro catalán que rubricó virguerías como el óleo de El Abuelo que hay en la Diputación (y de quien fue cofrade) o el felizmente hallado La adoración del Santo Rostro.
Grande con el pincel fue Pablo Martín del Castillo, autor de hermosas obras de inspiración cofrade, uno de ellos, célebre, el que retrata a la Virgen de la Capilla con su personalísimo estilo. Y Pedro Rodríguez de la Torre, un grande de la pintura de Jaén del XIX, que le decoró a Nuestro Padre Jesús su capilla de la Merced.
Escritores, poetas... Felipe Molina Verdejo pregonó la Semana Santa y a un buen número de cofradías, aparte de escribir varios de los mejores poemas pasionistas de aquí. Murió en el 97 y se le dedicó una calle cerca de la Avenida de Barcelona. Y don Rafael, sí, Ortega Sagrista, gloria del costumbrismo jaenés, con parque en la Alcantarilla, monumento olivarero incluido. Eterno cronista de La Expiración, ¡cuánto le debe la investigación cofrade a su incombustible trabajo.
¡Qué impagables documentos gráficos realizó Ramón Espantaleón Molina, muchos de ellos de temática cofradiera! Salvador Vicente de la Torre, que comparte barrio con don Ramón en cuanto a ubicación de su calle, fue hermano mayor de La Buena Muerte, y el tallista Vicente Castillo recibe honra cotidiana en Peñamefécit después de firmar maravillas como el trono de El Perdón.
En La Glorieta recibió el homenaje de dar nombre a una de sus calles el recordado periodista Tomás Moreno Bravo, siempre atento a la actualidad y a la historia cofrade, además de activo cronista de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús.
Y en San Ildefonso, la antigua Empedrada dejó su nombre de siglos para rendir tributo al cantor de la Virgen de la Capilla, el periodista Vicente Montuno Morente, cuya bibliografía en torno a la patrona sigue siendo referencial.
No puede concluir este (largo) paseo sin aplaudir la presencia de bastantes advocaciones marianas, de Pasión y de Gloria, en el callejero local: ahí están las Vírgenes Blanca, Alharilla, de Cuadros, de la Cabeza, de la Capilla, de la Esperanza, de la Estrella, Linarejos, Paz, Soledad (en el antiguo callejón de la Virgen), Victoria, Angustias, Carmen, Rocío...
Lo dicho, un hermoso itinerario entre rótulos y cartelas que huelen a incienso.

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