JUAN ESLAVA GALÁN: RETRATO DE UN CLÁSICO VIVO

De la mano de compañeros de oficio y amigos del autor, Lacontradejaén propone un paseo por la trayectoria literaria, intelectual y biográfica del escritor arjonero (que acaba de publicar nuevo libro), insigne habitante de la estrecha cima del mundo de las letras españolas
Es difícil decir algo nuevo de quien ya se ha dicho casi todo, pero como no hay éxito que no haya comenzado por un reto aquí está Lacontradejaén, este sábado de otoño, para intentarlo.
¿El desafío? Escribir sobre un clásico que, al contrario que Cervantes, Shakespeare o quien quiera que se cuajara El Lazarillo de Tormes, respira con rotundidad dentro del mundo que le ha tocado vivir, setenta y ocho años después de aquel 7 de marzo de 1948 en el que la hermosísima Arjona le puso primer paisaje a su intensa aventura vital.
Juan Eslava Galán es su gracia, con la que encabeza un centenar largo (larguísimo) de títulos de una bibliografía reconocida no: lo siguiente (premios Chianti Ruffino, Andalucía de la Crítica, Ateneo de Sevilla, Primavera, medalla de plata de Andalucía, hijo predilecto de Arjona...), aunque siempre quede hueco en las estanterías de su precioso piso del Madrid de los Austrias para el pergamino de hijo predilecto de la provincia de Jaén, el Princesa de Asturias, el Cervantes y hasta el Nóbel, tan preciados por muchos como destinados al creador de La mula (Planeta, 2003) para otros tantos.
Méritos (dicen) le sobran: "Juan Eslava Galán es el primer gran intérprete de la novela moderna española, y aunque algunos se arrogan el ser padres de la novela histórica española, ese título solamente le cabe a nuestro gran amigo Juan Eslava Galán, el autor de Arjona, que cuando escribe En busca del unicornio [premio Planeta 1987] es el cornetín de salida para toda una generación, la generación de 1983, que después hemos seguido al gran maestro", comenta a Lacontradejaén el celebrado novelista ubetense Jesús Maeso de la Torre.
En la misma línea se expresa el afamado escritor jiennense Emilio Lara, a la par que aporta su testimonio para este reportaje: "Juan Eslava Galán, para mí, es el padre de la novela histórica contemporánea española, porque En busca del unicornio rompe todos los moldes que había hasta ese momento, de lo que se escribía en España como narrativa histórica; es el momento de auge de la novela histórica a nivel mundial, pero Juan Eslava lo que hace es (dado su enorme conocimiento de la literatura española, de la literatura anglosajona y también de la literatura medieval castellana, y de tener en la cabeza la música y la letra de las crónicas de los descubridores de América) acometer una novela en la que introduce por primera vez el sentido del humor en la novela histórica; él, lo que hace es reproducir de una forma perfecta una época (la segunda mitad del siglo XV); se inventa un suceso histórico (al igual que hizo, por ejemplo, Umberto Eco en El nombre de la rosa)".
Solo dos argumentos (pero de peso, de mucho peso) que justifican sobradamente la relevancia de Nicholas Wilcox (su célebre heterónimo, con el que ha rubricado más de una obra) en la literatura contemporánea.

Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada (la misma en la que obtuvo la licenciatura en Filología Inglesa), por las venas de Eslava corre sangre olivarera, fuerterreña, su otra patria sentimental junto con la cuna del rey Alhamar, compartida además con la capital del Santo Reino, ese Jaén al que llegó cuando todavía vestía pantalón corto (pero de los de antes, que ahora los llevan con naturalidad hasta los jubilados).
Tres puntos que el padre de El comedido hidalgo (Planeta, 1994) ha eternizado en las páginas de novelas como la ya citada que le dio el Planeta del 87, Catedral (Planeta, 1989) o La lápida templaria (Planeta, 1996), por citar solo tres de sus libros en los que Jaén y sus pueblos se hacen presentes.
Y así hasta hoy porque tampoco en su última entrega, La Guerra Fría contada para escépticos (Planeta, 2026), su más reciente publicación, falta a esa suerte de promesa suya que lo lleva a evocar el mar de olivos en cuanto se coloca ante el ordenador.
Ahí está el segundo capítulo de este libro, cuyo título hará estremecer la memoria de más de uno de quienes peinan canas (nunca mejor traído, por cierto) en el Jaén de ahora mismo: La tertulia de El Siglo (en alusión a la entrañable barbería ya desaparecida de la calle Ramón y Cajal, a dos pasos del callejón de las Almenas).
El mercedes del obispo y otros relatos edificantes o crueles (Diputación de Jaén, 1990), Escuela y prisiones de Vicentito González (Muchnik Editores, 2000), Señorita (Planeta, 1998, con la que obtuvo el premio Fernando Lara), varias ediciones históricas (Roma de los Césares —Planeta, 1990— Grandes batallas de la historia de España —Planeta, 1995— o la singular Enciclopedia Eslava —Espasa, 2017—).
Biografías de personajes como Aníbal, Nerón o Cleopatra; sus aplaudidos y vendidísimos El enigma de la mesa de Salomón (Martínez Roca, 1988) o El fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo (Planeta, 1997), a más de un buen puñado de libros de viajes y poliorcética (o sea, murallas y fortificaciones), como los dos títulos que le ilustró el pintor villargordeño Francisco Cerezo Moreno, referenciales en su campo.
Cocina, sociología, ensayos..., su celebérrima serie de historia para escépticos (que abarca desde la Biblia hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por la Reconquista o la Revolución rusa) y hasta poesía, donde vuelca su querencia hacia este arte en un ramo de sonetos de perfecta factura que incluyen el titulado Desde la logia del archivo catedralicio, el poeta contempla el reloj de sol y el ocaso: jaenerísimo.
La monótona tarde irrepetible,
el áspero color de los canceles,
el arrasado afán de los claveles,
el íntimo dolor inamovible.
La soledad secreta. La terrible
soledad habitada de papeles.
El aburrido espejo o esas hieles
del perseguido amor siempre inasible.
Entre lo que consigo y lo que quiero
el reloj detenido en la frontera
repite al aburrido pasajero:
"Detente tú y atiende a mi carrera,
en breve tiempo pasaré ligero
mas puede ser tu muerte más ligera".

"Yo he entendido siempre la figura de Juan Eslava desde una doble perspectiva: primero, la de la persona que se desarrolla, crece y asimila una geografía, que es la llamada del Santo Reino. Y luego, un intelectual que vuela desde ahí a lugares más altos de la esfera cultural, donde cabe el mundo de la novela a partir de Margarita Youcernar y lo que su obra supone, que él ha ponderado muchísimas veces", en palabras del pintor y académico Miguel Viribay Abad, quien además de ilustrarle la portada de Catedral tiene el honor de hacerse presente cada día en la casa del escritor a través de un óleo que cuelga de su salón.
Al respecto, subraya Emilio Lara: "Juan nunca ha olvidado sus orígenes jiennenses y en todos sus libros se las apaña para hablar de Jaén, para meter a Jaén de alguna manera en algunos personajes, en la gastronomía, en la forma de hablar propia del habla jaenera (una variante del habla andaluza), y lejos de otros autores que han renegado de su patria chica, Juan siempre lleva en la cabeza, en el corazón y en el teclado del ordenador la tierra que lo vio nacer, Arjona, Jaén".
Lo saben bien las gentes de Villatorres y la legión de incondicionales que el pasado 27 de septiembre acudieron a Villargordo para asistir al acto de donación de dos obras de Francisco Cerezo, que Eslava ha querido que formen pate de los fondos de su museo; una cita en la que el literato dejó clara su admiración a la obra 'cereziana'.
"Juan Eslava está atento a cuanto sucede en el mundo de las humanidades, de ahí su preocupación y su ocupación por la pintura, por ejemplo su mirada en torno a los dibujos de nuestro querido amigo Paco Cerezo, y cuanto pueda acaecer en torno a la arqueología, que contemplado desde otra esquina podría parecer (solo podría parecder) que no corresponde a la línea de su trabajo como novelista", sentencia Viribay, quien destaca también la importancia del personaje en la vida cultural del Jaén de los 60:
"Cuando yo había venido ya de terminar la carrera, con veinticuatro años, él tenía dieciséis, ocho menos, y desde siempre estuvo merodeando por ese mundo de Jaén cercano a cuanto acaecía en los diferentes 'cenáculos' culturales, y trasladándolos a los pueblos más distantes, como hizo por ejemplo con la figura de Zabaleta con el grupo de escritores, del que él fue cabeza, El lagarto bachiller. Creo que ese grupo no ha sido lo suficientemente ponderado en cuanto a su difusión, por ejemplo, de la figura de Rafael Zabaleta".
Un colectivo que, según el propio Eslava expresó en la revista Alsur en el 87, consistía en una "tertulia": "Fue simplemente la unión de personas de muy distinto carácter para apoyarnos y escucharnos mutuamente en temas culturales. Era una tertulia un tanto atípica: había poetas, escritores en prosa, historiadores, periodistas, cantautores...".
Cosmopolita, sin embargo, es un viajero impenitente, un hombre de mundo y del mundo con la mirada siempre alerta a cuanto se erige en escenario, en contexto:
"Para él el paisaje va a ser un elemento protagonista; al igual que sucedía con las novelas de John Ford, le va a dar mucha importancia tanto a la vida de las élites, en la novela, como a la vida del común; valora mucho la historia de las mentalidades y la historia de la vida cotidiana, y todo esto hace que le salga una novela redonda. A partir de ahí, Juan va a escribir unas novelas históricas fundamentales para la narrativa española contemporánea, y también va a ser un grandísimo divulgador de la historia por medio de sus ensayos, porque es capaz de aunar la alta literatura con la literatura popular (esto es la cuadratura del círculo para un escritor, y él lo consigue)", asevera Lara.
Está claro (y así lo dejan negro sobre blanco quienes le aprecian) que cualquier diccionario de literatura sería una chapuza si en las páginas de la letra E no le dedicara muchos renglones a Eslava, quien (por cierto) posee en su memoria un sabroso e inédito anecdotario vinculado a algunos de los nombres propios del arte y la cultura españoles de los últimos setenta años. ¿Los convertirá en libro algún día? I hope, que diría un inglés.

Pero, ¿y en las cortas distancias? ¿Cómo es el hombre? Casado con la investigadora y escritora Isabel Castro Latorre (autora, entre otros, de Las Cervantas —leyenda negra y verdad de las mujeres de la familia Cervantes—), padre de dos hijas y abuelo de tres nietas, dicen de él quienes bien lo conocen:
"Juan es un referente en lo literario, en lo profesional y en lo personal. ¡Y en ensenarme a reír, que es más importante aún! Lo conocí en un viaje del Transcantábrico hace ya muchos y fue el guía mejor que pude tener para comprender todo lo que veíamos, porque él lo había hecho a pie. Compartimos la pasión por conocer y por ello también de viajar, que nada tiene que ver con el turistear. En eso nos parecemos algo", aporta el escritor y periodista Antonio Pérez Henares, y apostilla: "Es un sabio, pero como es muy sagaz procura disimularlo para que no se le tome a mal".
Maeso de la Torre, por su parte, se deshace igualmente en elogios hacia el arjonero: "Siempre he profesado un enorme afecto y admiración (yo diría que admiración debida) hacia Juan Eslava Galán, nuestro paisano, un hombre sabio y pudoroso, que aunque no precisa esa admiración sí que la ha merecido siempre. Le he rendido mi homenaje personal y no hay charla o conferencia que dé sobre novela y sobre Jaén que no mencione a nuestro amigo Juan. Así que si tenemos que hacer historia de la novela en nuestra provincia e incluso a nivel nacional, siempre tenemos que acordarnos del gran Juan Eslava Galán".
Lara concluye: "Por otra parte, Juan Eslava Galán es una persona de trato afable, es una persona sencilla, lector antes que escritor, es una persona cultísima, con una enorme cantidad de amigos en el mundo literario y en el mundo del periodismo cultural; no tiene enemigos en el mundo de la literatura y concita muchas simpatías, gracias al carisma que irradia. Es un gran personaje en Jaén, pero igualmente en el mundo de la literatura española".
Un breve, abocetado retrato de todo un clásico vivo de la literatura española cuyo DNI, obra y manera de estar en el mundo lo adscriben (desde siempre y para los restos) a este "jardín entre olivos".

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