Manuel Contreras: cuando 800 kilómetros no son nada

Fuensanteño de cuna, dejó su pueblo, definitivamente, recién cumplida la mayoría de edad pero guarda de él los mejores recuerdos
No niega Manuel Contreras Luque (Fuensanta, 1949) que en Lérida le ha ido "de maravilla" desde que llegó, hace ya más de cincuenta años para quedarse para siempre. ¡Pero de ahí a olvidarse de su pueblo...! "Tengo muy buenos recuerdos de Fuensanta, no teníamos tantas cosas como ahora pero todo era más bonito", asegura a Lacontradejaén.
¿Que por qué se fue, entonces? "En aquellos tiempos había poca faena en el pueblo, y tuvimos que emigrar para buscarnos la vida".
El menor de diez hermanos, vio la luz primera en un hogar con tierras, sí, pero no tantas como para colmar esas diez bocas, así que... "Primero nos fuimos los hermanos, mis padres se quedaron en Fuensanta". Cataluña los acogió, les dio trabajo, pero Manuel estaba aquerenciado al terruño, vaya que sí: "Me fui la primera vez con dieciséis años, luego volví al pueblo y estuve un par de años o tres".
Un paréntesis en el que dio rienda suelta a una de sus vocaciones, la música, con la que él y sus compañeros hicieron ruido en la provincia de Jaén: "Montamos un grupo, Los Diabólicos, tuvimos una época muy buena, éramos cuatro amigos, nos iba bien pero había de varias edades y, cuando algunos tuvieron que hacer el servicio militar, se fueron dos, nos quedamos sin el solista, que tocaba la guitarra, y el bajista, y se deshizo el grupo. Hacíamos bodas en Fuensanta y tocábamos en las fiestas de los pueblos", explica.
Y otra vez a tierras catalanas. "Al llegar la primera vez a Lérida empecé a trabajar en la obra, pero no me gustaba mucho y estuve poco tiempo; luego me metí en una fábrica de cerveza, pero tampoco se ganaba mucho y como había tanta faena, me salí y me metí en las cámaras de atmósfera controlada para frutas; he cambiado varias veces de trabajo, pero mi oficio verdadero era el de pintor, he estado unos quince años autónomo y al final me salió una oferta en una empresa, de asfalto de carreteras, muy grande, muy importante, y ahí me he jubilado tras veinticuatro años".
Toda una vida de trabajo que, tan lejos de su cuna, le deparó también el encuentro con su esposa, Amparo, hija de almerienses, madre de sus dos hijos, compañera de fatigas y satisfacciones.
Abuelos de una nieta, ahora disfrutan de la merecida jubilación y, entre planes y planes, barruntan la posibilidad de "bajar" a Fuensanta, cuya corteza no acaricia los pies de Manuel Contreras desde hace ya tres años: "Cuando vivían mis padres íbamos todos los años, pero al morir...; ellos están enterrados en Lérida, se vinieron a vivir con nosotros para no estar solos", comenta, y añade: "Queremos ir en septiembre, así lo hablamos en la última comida de Navidad".
Aquí tiene amigos, algunos tan entrañables como "Pepito, el antiguo panadero del pueblo", y todo un cúmulo de recuerdos que, cuando se marchó, se llevó con él en esa mochila llevadera que palpita en el lado izquierdo del pecho de todo hombre: "Quiero mucho a mi pueblo, a Fuensanta", concluye.

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