"Me acuerdo mucho de los años que venía a las verbenas de la sierra"

La sangre genavera corre por las venas de María del Campo Sánchez Aguilera, madrileña de corazón partido entre su cuna, Barcelona y el pueblo de sus padres
"Todos los veranos de mi vida los he pasado en Génave, al principio no teníamos coche e íbamos todos en el camión de un hermano de mi padre, detrás, bajo las mantas".
Fatigas, sí, pero dicen que sarna con gusto no pica, y como se trataba de regresar a ese paraíso serrano del que se siente mucho más que hija adoptiva, María del Campo Sánchez Aguilera (Madrid, 1958) tiene el mejor de los recuerdos de aquellos días de su infancia.
¡Bueno, de su niñez y mucho más, como ella misma explica a Lacontradejaén! "Todos los fines de semana, el viernes, salía de trabajar e iba ya preparada para coger el coche para Génave, y el domingo de vuelta a Madrid!". ¿Para qué? "¡Menudas juergas me pegaba!", exclama mientras evoca entrañablemente "las verbenas de la sierra".
Tanto venía, que hasta sus amigos del pueblo se guiaban por ella (que vivía fuera todo el año) para conocer la agenda festera de la zona. "Yo tenía un Ford Fiesta, pero mi hermano decía que era un 'Ford Sierra', de tanto como me gustaba el ambiente serrano", recuerda.
O sea, que lleva a Génave en lo profundo de sí misma, quizá porque Madrid le dio cuna pero, cuando abrió los ojos a la luz primera, sus latidos tenían el acento de la tierra de sus ancestros. "Mis padres vinieron a Madrid recién casados, y justo al año nací yo".
Sí, es una andaluza de corazón y fragua, nieta (no en vano) de un conocido moldeador del hierro en Génave, Crescenciano, quien junto a su mujer, Águeda, siguen vivísimos en la memoria de esta enamorada de sus orígenes.
Esos espacios preferidos que, para ella, se convirtieron en símbolo de nostalgia cuando sus padres decidieron encaminarse hacia la villa y corte en busca de mejor vida. "Mi padre trabajó en la obra y luego, también, en la fontanería y en chapuzas varias, hasta que entró en prensa gráfica, en las rotativas de los periódicos".
Así, poco a poco, el matrimonio Sánchez Aguilero logró construir un presente y un futuro que si bien se desarrollaban en el Foro, nunca perdió de vista la tierra de sus amores: Génave. Y es aquí, al hablar de su padre (fallecido hace ahora veintiocho años) cuando la voz de María del Campo se quiebra, emocionada. "Él tenía pasión por su pueblo", asegura.
Y ella también, de hecho ha seguido viniendo siempre, la última vez el pasado verano, tras un paréntesis de un lustro sin pisar tierra genavera: "Me encanta volver, pero ya no es lo mismo", explica mientras lamenta los achaques de salud que le impiden desplazarse con la fluidez de antes.
"Tengo el corazón partido en tres partes: Madrid, Barcelona y Génave, la sierra", afirma. En la capital de España nació, en la Ciudad Condal vivió grandes momentos a la par que trabajó a gusto, ¡y su pueblo...!
"No tengo previsto viajar ya, más, a Génave", confiesa, y concluye: "Lo digo con todo el dolor de mi corazón". Menos mal que la memoria no conoce distancias.

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