Las emocionantes manos de María Ángeles Chica Rosa

Residente en Los Villares, esta mancharrealeña devuelve vida a la ropa de personas fallecidas o bebés ya creciditos y la convierte en 'ositos memoriales'
La historia de María Ángeles Chica Rosa (Mancha Real, 1971) destila emoción, tanto como esas manos suyas capaces de devolver a la vida la ropa que, en plena infancia o antes de toparse con la muerte, llevaron los seres queridos de quienes, en legión, buscan a esta villariega adoptiva para poder seguir abrazando el perfume de sus bebés o el aroma de los que ya no están.
"Vivo en Los Villares desde hace treinta años, desde que me casé con un villariego, el padre de mis niños y el culpable de todo esto". ¿Que qué es todo esto? Meraki lo llama ella: "Yo quería ponerle un nombre a lo que hago, y encontré esa palabra griega, que significa que lo que haces lo haces con el alma, con pasión y con todo tu corazón y tu entusiasmo", aclara.
Pues eso, con todo su corazón, su alma y su entusiasma se cuaja María Ángeles sus 'ositos memoriales', una idea que conoció en las redes sociales y que le ha cambiado la vida:
"Me divorcié de mi marido hace doce años, pero seguíamos teniendo buena relación; decidí quedarme en Los Villares para que los dos pudiéramos estar cerca de los niños", comenta, y apostilla: "Me he dedicado siempre a trabajar en la hostelería con mis padres, lo dejé cuando me casé y luego volví; últimamente estaba en la residencia de mayores de limpiadora".
Chica Rosa continúa: "Tengo muchos problemas de espalda, por el trabajo de tantos años en la hostelería, y me tuve que dar de baja; en ese tiempo el padre de mis niños tuvo un accidente laboral, hace dos años, y falleció con cincuenta y cinco años. Una muerte inesperada, trágica y dolorosa".
Los lectores, a estas alturas de esta página digital, todavía se estarán preguntando qué 'culpa' pudo tener, entonces, el desaparecido ex de Mari Ángeles. Ella, mejor que nadie, puede contarlo: "El pequeño, que siempre ha vivido conmigo, sentía la necesidad de abrazar algo de su padre, de tener algo físicamente; fui a su casa, cogí ropa suya y les hice a mis niños unos ositos memoriales, los colgúe en mi estado y a raíz de eso la gente empezó a interesarse, ¡y llevo ya ciento y pico osos!".
Sorprendente si se tiene en cuenta la vida laboral de la protagonista indiscutible de este reportaje, que no había cogido una aguja o un dedal nada más que para salir del paso, como ella misma confirma, riendo: "Nunca había cosido, pero cuando mis niños eran pequeños sí me gustaba hacerles los disfraces; mi madre me regaló una máquina de coser para arreglar los bajos a la ropa de los niños y cosicas así, para defenderme".
Hasta ahí, todo normal. Lo bueno viene ahora: "Nunca he ido a aprender corte y confección. Compraba revistas, sacaba los patrones y las medidas y les hacía disfraces, que de hecho ganaron algunos concursos; me dice todo el mundo que tengo buenas manos, he hecho encaje de bolillos ycuadros de punto de cruz con los que también he ganado concursos. Me encantan esas cosas". Lo dicho, que tiene unas manos...
"ESTO SE ME HA IDO DE LAS MANOS"
Canta Roberto Carlos que "no se mide en tiempo una pasión, / más te siento, cada día más / aquí, en mi corazón". Será por eso que desde que se le ocurrió subir a su estado aquel primer osito memorial, se los quitan de las manos, literalmente.
"No me esperaba lo que está pasando; muchas veces le digo a mi madre que esto se me ha ido de las manos", asegura. Desempleada actualmente, tal es el éxito entre sus conocidas que se está planteando convertirlo en su forma de vida: "Ahora mismo es solo una afición, pero quizá monte un pequeño taller en mi casa". Pedidos no le faltan, lo mismo desde Los Villares que Pegalajar, Torres, Torredonjimeno, Martos...
Y más allá, que "hasta de Madrid y Barcelona" se han interesado por sus entrañables productos, generalmente a través de su perfil de Facebook. "Ahora estoy terminando tres que tengo para entregar: me dan una prenda de ropa (una camisa, una camiseta, o un pantalón y una camisa, una bata..., lo que sea), saco los patrones, los paso a la tela, los recorto, les pego una entretela y ya uniendo los patrones nace el osito", describe, y concluye: "Hago dos modelos, uno sentado más rígido y otro más flexible; hay quien me pide que les ponga también frases serigrafiadas, en recuerdo de alguien".
Y ahora, la pregunta del millón: si por ahora lo hace por gusto, ¿qué obtiene María Ángeles de este trabajazo que se pega? "Me encanta, me llena muchísimo de satisfacción, sobre todo cuando la gente recoge el osito o me mandan el vídeo de cuando se lo regalan a alguien y veo cómo la gente se emociona; hay una chica que su hijo falleció en un accidente, y me escribió porque se lo regalaron sus hijos. Me hizo llorar mucho, estaba muy agradecida y me decía 'me has devuelto algo de mi hijo que yo, ahora, puedo abrazar".
Aquello que escribió Marcial: que disfrutar de los recuerdos es vivir dos veces.

Únete a nuestro boletín

