Porcuna, el pueblo donde Rafael Molina encuentra la paz

Sevillano de nacimiento pero descendiente de porcunenses, no tiene más que buenas palabras para el municipio, al que está deseando volver
Rafael Molina Peláez tiene en su poder la definición cabal de la palabra querencia: "Hay una conexión que todos los humanos tenemos con nuestros antepasados, que va en nuestro ADN", asegura.
Sabe de lo que habla; aunque nacido en Sevilla hace cincuenta y seis años, por sus venas corre un caudal de sangre porcunense que le tironea hacia el pueblo de sus ancestros.
"Mi bisabuelo se llamaba Bartolomé Molina, mi abuelo Antonio Molina (tenía una imprenta, en los años 20, en la calle Carrera de Jesús, en una casa antigua); mi abuela Soledad Ruiz y mi padre, Bartolomé Molina Ruiz", enumera mientras apostilla: "Siempre he querido a Porcuna, desde que era pequeño".
¿Qué hace, entonces, este auténtico enamorado del municipio jiennense en la capital andaluza? "Mis abuelos paternos, después de la Guerra, se vinieron a Sevilla y se establecieron aquí, pero dejaron casa en Porcuna". Una casa que el propio Rafael ha visitado muchas veces a lo largo de su vida, de la mano de su progenitor, y del que guarda sabrosos recuerdos: "Mi abuela vivía en la casa antigua; me acuerdo de ella, y de las patatas fritas que me ponía". Lo dicho, sabrosos.
Y curiosos, como ese local que no se le va de la cabeza y del que recuerda que, cuando tenía unos trece años de edad, le llamó muchísimo la atención a cuenta de su mobiliario: "Tenía un conocido, fuimos a tomar unas copas a un pub y era muy curioso, porque los taburetes eran asientos de moto, tendría yo catorce años entonces, ese chaval era hijo de un amigo de mi padre", evoca.
Hace algún tiempo que no pasea por el pueblo, echa de menos sus hitos monumentales, perderse entre los vestigios de su rico pasado... "Es muy bonito, y tiene mucha historia; Obulco, los iberos, la torre de Boabdil; quiero ir a ver la cisterna de la Calderona, hacer senderismo, rutas...".
Toda una pasión la de Rafael Molina Peláez por Porcuna, un lugar del mundo en el que afirma encontrar la paz, la tranquilidad: "Es impresionante, y no está masificado urbanísticamente, además de la ubicación en la que está". Un auténtico embajador de la patria chica de sus antepasados en plena Ciudad de la Giralda.
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