Los delicados 'Tiros al aire' del poeta Víctor Jiménez

Vinculado familiarmente con el municipio de Pozo Alcón, el escritor sevillano ahonda en su celebrada bibliografía con una nueva entrega sustentada en la soleá
"Le pego tiros al aire. / Siempre habrá versos perdidos / que, si estás cerca, te alcancen". Así comienzo el nuevo libro de poemas de Víctor Jiménez (Sevilla, 1957). Una hermosa colección de soleás recién editada por Libros de la herida dentro de su colección Vivezas e ilustrada con doce aguadas del artista José Mateos.
"Su autor (...), vinculado familiarmente con el pueblo jaenés de Pozo Alcón, ha sabido escuchar el tono de voz del pueblo para darle la estructura de lo popular y concentrar en él toda su biografía poética", escribe en el desvelador prólogo del libro el poeta Lutgardo García, para dar paso a un repertorio de poemas (o cantes, que en ambas artes caben estos versos) rotundos, sentenciosos, delicadísimos...
"Cuando te pasa algo bueno, / hay quien se alegra por fuera / mientras se quema por dentro", o "Nunca digas de esta agua... / Que cuando aprieta la sed, / hay quien bebe en una charca", en clara sintonía con esa maravilla lírica que es la soleá del Zurraque en la voz del Pavarotti del cante, el recordado Naranjito de Triana.
Poeta ampliamente reconocido con premios como el Villa de Benasque, el Florentino Pérez Embid, el Luis Cernuda o el Rosalía de Castro y presencia en algunas de las más prestigiosas colecciones poéticas en español (Adonáis o Renacimiento, por poner solo dos ejemplos), lo nuevo de Víctor Jiménez adolece de todo lo contrario a la exclusivamente aplaudido por novedoso: solera, sabor, pureza, perfume cabal.
Y todo ello en una propuesta que abarca, temáticamente, desde la reflexión vital hasta el amor ("Cada vez me duelen más / las veces que me esperaste / y no me viste llegar"), el 'tempus fugig' ("Cuando se acaba la arena, / al reloj de nuestra vida / a ver quién le da la vuelta"), la muerte y el propio oficio de escritor, como en la poética penúltima de Tiros al aire: "No son míos los poemas. / Yo solo pongo la música. /La vida pone la letra".
Una obra de vuelta ya de tantos caminos fatuos, con la que Víctor Jiménez refrenda una trayectoria ambiciosa y prudente a la par en la que la fidelidad a la transparencia (siempre que esta sea sinónimo de hondura) lo ubica en un lugar de privilegio del panorama de la poesía contemporánea.
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