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¡Que no se pierda la tradición de las palmas rizadas!

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858
¡Que no se pierda la tradición de las palmas rizadas!
Participantes en el taller posan con el resultado obtenido. Foto cedida por Mari Troyano.

Bedmar celebra un curioso taller para aprender a labrar estos tradicionales símbolos del Domingo de Ramos, a cargo de las hermanas Mari y Dolores Troyano

Bedmar y Garcíez no quieren que se pierda la tradición de las palmas rizadas, esas bellísimas virguerías vegetales que son santo y seña del Domingo de Ramos. 

Con esa intención, el Ayuntamiento organiza año tras año un singular taller al que se llega sin la menor idea y del que se sale con toda una palma rizada entre las manos, camino de la primera procesión de la Semana Santa del municipio y su pedanía. 

Un par de días "de curso intensivo", en palabras de Mari Troyano, monitora del cursillo junto con su hermana Dolores y corresponsables, con la administración local, de que esta hermosa y vistosa tradición no se pierda. 

"Nosotras les damos lo básico, indicaciones, luego ellas las trenzan y nosotras las ayudamos; esto requiere tiempo e imaginación, todas las palmas no son iguales, así que se van haciendo un poco también sobre la marcha", aclara Mari, que aprendió esta antigua y curiosa técnica de manos de "una señora mayor de Bedmar, que era quien las trenzaba".

"Yo soy muy curiosa, me gusta aprender, hablé con ella por si me quería enseñar y me dijo que sí, que sus hijas no querían aprender y que se iba a morir y eso se iba a perder, de eso hace más o menos veinte años; al final se llevó la satisfacción de que antes de morirse, no se iba a perder la tradición".

Son dos auténticas maestras, de ahí que en cada convocatoria aumente el número del alumnado: "Damos preferencia siempre a quienes no han hecho el curso antes, para que las personas que no repiten puedan aprender", aclara Troyano, y apostilla: "Algunas veces hemos tenido que hacer dos cursos", de tanta demanda como hay.

Normalmente "personas de mediana edad", interesadas en lucir una hermosa palma y, de paso, contribuir al mantenimiento de esta antigua costumbre. No en vano, es obligación para los cursillistas que, el Domingo de Ramos, acudan a la procesión con sus palmas, trenzadas por ellos mismos.

Seguirán, lo tienen no claro: clarísimo. "Lo seguirán haciendo mientras nos lo pidan, estamos dispuestas las dos, ponemos empeño en que se haga cada año para que no se pierda la tradición que nosotros cogimos de esa persona mayor", concluye.

 Tres mujeres se afanan en labrar una de las artísticas palmas rizadas. Foto cedida por Mari Troyano.
Tres mujeres se afanan en labrar una de las artísticas palmas rizadas. Foto cedida por Mari Troyano.

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