El tranvía avanza entre viejos obstáculos pero sin fecha de puesta en marcha

La coordinación institucional progresa mientras los retrasos administrativos y la complejidad del proyecto demoran un servicio que lleva más de una década en espera
El tranvía de Jaén continúa atrapado. Cuanto más se avanza en los aspectos técnicos y de planificación, más evidente se hace que su puesta en marcha sigue sin horizonte definido. La última reunión entre el Ayuntamiento de Jaén y la Junta, celebrada en Sevilla, ha servido para constatar progresos en la coordinación del sistema, pero también para confirmar que los principales obstáculos están lejos de resolverse.
El encuentro, enmarcado en la comisión de seguimiento del convenio firmado en 2021, refleja un cambio de fase en el proyecto. Se trata de decidir cómo integrarlo en una red de transporte urbano que, en la práctica, ha evolucionado durante años sin contar con él. La necesidad de articular una integración tarifaria y de reorganizar las líneas de autobús evidencia que el sistema no puede ponerse en marcha de forma aislada. Esto implica rehacer el modelo de movilidad de la ciudad, un proceso técnicamente complejo y políticamente sensible.
A ello se suma la cuestión de la prioridad semafórica, un elemento clave para garantizar la eficiencia del servicio. La sincronización de los cruces no solo afecta al tranvía, sino al conjunto del tráfico urbano, lo que obliga a un ajuste fino que requiere pruebas, validaciones y coordinación entre administraciones. En este sentido, las pruebas realizadas en marzo muestran que el proyecto avanza en lo técnico, pero también que aún se encuentra en una fase previa a la explotación real.
Sin embargo, el principal cuello de botella no está en la infraestructura ni en la tecnología, sino en la gestión administrativa. El contrato de operaciones, fundamental para que el sistema funcione, acumula retrasos tras la exclusión de dos licitadores por errores formales. Este hecho pone de relieve un problema recurrente en grandes proyectos públicos: la dificultad para cerrar procesos de contratación complejos sin incidencias que acaben dilatando los plazos. La situación actual, con un tercer candidato en proceso de revisión, mantiene el proyecto en un compás de espera que se suma a más de una década de inactividad.
El modelo económico acordado entre el Ayuntamiento y la Junta introduce, además, un elemento de presión a medio plazo. El Consistorio asume el coste total de la puesta a punto y una parte del déficit de explotación, lo que implica que cualquier retraso no solo tiene un impacto operativo, sino también financiero. La necesidad de actualizar una infraestructura construida en 2011 a los estándares de 2026 es, en sí misma, una muestra del tiempo perdido y de los costes añadidos que ello conlleva.
En paralelo, el diseño del contrato de operaciones revela la complejidad del sistema que se pretende poner en marcha. No se trata únicamente de mover tranvías, sino de gestionar un conjunto de servicios que incluyen mantenimiento, atención al cliente, seguridad y control del fraude. Esta estructura evidencia que el tranvía no es solo una infraestructura, sino un servicio integral que requiere una gestión sofisticada y bien coordinada.
Quince años después de su implantación, el tranvía es uno de los grandes símbolos de las dificultades para convertir una infraestructura en un servicio efectivo. Y aunque los últimos movimientos apuntan a un intento serio de desbloqueo, la experiencia acumulada invita a la cautela: en Jaén, el tranvía siempre parece estar a punto de arrancar, pero nunca termina de hacerlo.
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