
"Muchos me preguntan que cuánto voy a durar como presidente"
Nacido en el Arrabalejo, Pedro Hernández González (Jaén, 1955) necesita tanto empaparse de su tierra que, hace unos años, decidió levantar una casa (con sus propias manos) en plena Cuesta del Molinillo, una de esos "ríos de asfalto" (con permiso del poeta Molina Verdejo) que desembocan en el entrañable mar de olivos, a orillas de la casería del Portón de los Leones.
Jubilado de la construcción y expromitente de El Abuelo, de lo que no se retira es de su pasión futbolera, que lo llevó a fundar el Atlético Jaén CF hace ya treinta y cuatro años y cuyas riendas lleva desde entonces.
—Medio siglo entre paletas, ladrillos y espuertas, señor Hernández. Cincuenta años dan para construir mucho...
—Más de cincuenta años, sí. Esta casa la hice yo, tenía yo ya cincuenta años.
—Un oficio muy arraigado en su familia, ¿verdad?
—Sí, mi hijo Sergio no quiso seguir estudiando y siguió la tradición nuestra, se encerró en eso y aunque iba a matar a su madre (que sabía el frío que se pasa en la construcción), se encerró en eso y ahora es uno de los mejores profesionales (¡está feo que yo lo diga, pero es que lo dice la gente!), ¡y eso que profesionales de la construcción quedan muy pocos!
—¿Y usted? ¿Por qué tiró para la obra?
—Yo terminé la EGB y no quise seguir estudiando más, mi tío tenía una empresa constructora que trabajaba para la Diputación y para muchos clientes, me inicié ahí y hasta que me jubilé. Estuve en distintas empresas hasta llegar a mi jubilación, con sesenta y cinco años.
—Un oficio duro, también. ¿Satisfecho?
—Muy satisfecho; mis últimos veintidós o veintitrés años fui autónomo, trabajaba por mi cuenta, y bien.
—¿Se ha imaginado alguna vez realizando otro trabajo, Pedro?
—No, no me lo planteé nunca; me gustaba, con diecinueve años ya estaba trabajando a destajo, en las obras. Cuando se hizo el Centro Maternal, ahí estuve yo poniendo ladrillo visto en la fachada, y tenía entonces diecinueve años. Estuve también trabajando en la sierra de Valdepeñas, en el centro táctico de la Pandera, ¡ahí sí que pasamos frío, pero frío! Eso es lo que tiene la construcción, aunque los últimos años fueron más tranquilos, ya tenía gente trabajando conmigo... No me ha ido mal.
—Vamos, que se ha pasado usted casi toda la vida con el mono de trabajo puesto. Y cuando no llevaba el mono, con el chándal...
—Pues sí, ¡lo del chándal tiene una historia que no veas!
—Siempre vinculado al deporte, ¿no es así?
—Toda mi vida.
—¿Cómo, cuándo llegó el balón a sus pies?
—Jugué en los equipos que había en Jaén entonces, jugábamos en el primer campo que se hizo en la Salobreja o en los campillos; nos bajábamos de chaveas, con doce o trece años, por la mañana a las ocho o las nueve, nos subíamos a la hora de comer, comíamos y nos volvíamos a bajar a ver al Real Jaén, hablo de los años 67, 68. ¡Qué buenos futbolistas había aquí entonces!
—¿Por ejemplo?
—Del Jaén llegué a conocer y fue un gran amigo mío Manolo Haro, que tuvo mucho que ver en los inicios del Atlético Jaén.

—El Atlético Jaén... Esa es su gran obra deportiva, su debilidad, su niño mimado, el niño de sus ojos, ¿no?
—Sí.
—¿Y su propia carrera deportiva, Pedro? ¿Nunca pensó en dedicarse profesionalmente al fútbol?
—No, no. Aquellos tiempos eran muy difíciles, tenías que bajar a entrenar pero estabas trabajando y no podías; yo jugué un año o dos, de sénior, y lo dejé, me dediqué más a mi trabajo. Que saliera un futbolista de aquí, de Jaén, era muy difícil. Hoy es más fácil. Y cuando mis hijos
—Y decidió volcar toda su experiencia y su fuerza en un club para los demás, en una cantera de futbolistas...
—Ya, cuando mis hijos nacieron, como les entró el gusanillo del fútbol y eran benjamines y alevines vi que tenía que estar yo encima de ellos. Mi Jesús [el menor] tiró un poquito más arriba que Sergio [el mayor], lo vio Manolo Haro, vino a hablar conmigo y se lo llevó al Real Jaén, estuvo un año de alevín y al año siguiente el Real Jaén quitó las categorías inferiores.
—¡Vaya!
—Entonces empezamos a movernos ocho o diez padres que estábamos allí, y Manolo Haro me ofreció a mí hacer un club, sin cobrarnos ni un duro. Accedimos, hicimos una junta directiva (eso fue ya en el año 1992) y nació el Atlético Jaén.
—Va usted camino de igualar el récord de Santiago Bernabéu al frente de un club de fútbol.
—Me eligieron presidente en el 92, y de presidente sigo. Tenía treinta y siete años entonces, y ya tengo setenta.
—Un refrán asegura que algo tendrá el agua cuando la bendicen...
—No, lo que pasa es que te metes ahí y ya no sabes salir. Esto es una droga buena, yo he disfrutado muchísimo desde que empezamos con un equipillo muy bonico, cuando ni había Fútbol 7. Empezamos con un equipo de alevines y otro de infantiles de primer año. Los padres poníamos mil pesetas todos los meses, en aquellos tiempos; ahora está la cosa mucho peor que antes, porque tenemos que pagar los campos, y antes no (aunque tenemos un descuento del 75%, al tener tantos niños). Y fuimos creciendo.
—Y así poco a poco, haciendo historia del fútbol jiennense.
—En la temporada 93-94, en infantiles de segundo año "nos paseamos por Jaén", fuimos campeones de la Copa Diputación y de la Liga.

—Había nuevos valores que despuntaban...
—Una mayoría de ellos ha llegado a jugar en Tercera División.
—Entre ellos su hijo Jesús.
—Sí, jugó en Tercera División en el Mancha Real; siendo juvenil ascendió a Tercera y luego se fue a Úbeda, a Martos, Baeza, Alcalá la Real, Jódar... Tiró bien.
—Alevines, infantiles y, paso a paso, el club fue introduciendo nuevas categorías...
—Sí, hicimos la de cadetes y, en ese momento, el Real Jaén abrió otra vez el abanico, y algunos padres (una mayoría) que tanto hablaban de lo mal que lo había hecho el Jaén cerrando las categorías inferiores, volvieron al Real Jaén.
—¿Ese hecho generó problemas al Atlético Jaén, lo puso en una situación complicada?
—Bueno... La verdad es que aquello estuvo mal, pero lógicamente aquí manda el Real Jaén, y los padres decidieron volver. Luego (y esa es la verdad), nosotros hemos alimentado al Real Jaén, y ahora mismo echas mano a los juveniles que están jugando en la Liga nacional y hay ocho jugadores nuestros. Nosotros fuimos poquito a poco, con muy buenos entrenadores, y llegó un momento que tuvimos Infantil, Cadete y Juvenil en División de Honor. Con los juveniles fuimos campeones del Grupo 13 de la Liga nacional, tuvimos que jugar después una liguilla de seis partidos, los ganamos y ascendimos como primeros, como campeones.
—Menudo palmarés. A día de hoy, Pedro, ¿qué categorías se incluyen en el Atlético Jaén?
—Todas las categorías, dobles, triples... Empezando por sénior, estamos segundos, a un punto del Carolinense para ascender a División de Honor sénior (aunque eso vale mucho dinero, pero ya se buscaría, tenemos unas empresas muy buenas, grandes empresas que nos ayudan y estamos muy agradecidos a ellas). Tres equipos de Juveniles, dos de Cadetes, tres o cuatro de Alevines, tres Benjamines, dos Prebenjamines y una Escuela de Bebé, que lleva el nombre de Manolo Haro.
—Todo esto, señor Hernández, por amor al arte, o lo que es lo mismo: que no se ha hecho rico con el fútbol.
—Por supuesto que no, todo lo contrario, a mí me ha costado el dinero; en el año 95 compré un Scort Atlanta y antes de venderlo le había hecho ciento y pico mil kilómetros, llevando a niños, más de quince años que yo podía haber echado la cortina e irme a mi casa, pero me quedé al pie del cañón. ¡Muchos me preguntan que cuánto voy a durar!
—¿Qué les responde?
—Yo qué sé, a mí me gusta mucho esto y lo conozco bien; me encargo de las loterías, de todo, y tengo una junta directiva muy buena, con Sergio Berrios (el presidente de los Economistas) y otros más, que lo hacen muy bien. Hay que moverse mucho, sobre todo para sacar dineros de donde no lo hay.

—En su casa lo ven poco entonces, la jubilación no lo ha sentado en el sofá...
—¡Ahí está mi mujer, que ya está acostumbrada! Sabe que el único vicio que tengo es este.
—En un hombro, Pedro, ha llevado usted su trabajo en la construcción tantos años; en el otro, su pasión futbolera, que sigue llevando. Y sobre los otros hombros, los del corazón, a Nuestro Padre Jesús.
—Esa es mi gran pasión, que le debo a mi abuela; ella vivía en la calle Jaboneras, al lado de la plazoleta del Conde, cuando salía Nuestro Padre Jesús de la Merced. Y yo lo veía de chiquillo, con ella, lo veía subir por el Arco de San Lorenzo arriba y me decía a mí mismo: "¡Madre mía de mi alma, algún día tengo yo que llevarlo como estos hombres!". Era mi pasión. Mi padre lo bajó de la Merced a la Catedral, pero espontáneamente, ahí terminó. Pero yo sí me hice cofrade cuando tenía dieciocho años, pagaba mi cuota de cien pesetas al año.
—Consiguió cumplir su deseo.
—Un compañero me "apoderó" para ser cofrade, me metí y he estado un montón de años llevando a Jesús. Un año antes de irme a la mili ya me medí, y a esperar (no es que hubiera enchufismo, pero pasaba de padres a hijos..., en fin, no era como ahora). Había mucha gente que quería llevarlo, y cuando me licencié seguí solicitando llevarlo. En 1981 ya estaba preparado para llevarlo, y llovió y fue un desastre. Al año siguiente pusieron a la Virgen a hombros, la llevé y al año siguiente entré ya en Jesús, desde el 83 hasta el 2000.
—¿Qué supone ser promitente de El Abuelo para alguien que lo ama tanto?
—Para mí ha sido una cosa muy grande, cuando llegaba el Jueves Santo eso era ya para mí una cosa grande, no puedo ni contarlo. Entonces el trono llevaba las baterías por dentro, ¡y cómo pesaba aquello! Yo llegaba muerto a mi casa, estaba yo en Inmobiliaria Molina y trabajábamos también los sábados, así que llegaba a mi casa de la procesión y me acostaba, porque al otro día había que trabajar, con los hombros ensangrentados. Pero siempre con muchas ganas.
—Hasta que le llegó la retirada.
—Ya "jubilado" como promitente lo llevé otras dos veces, porque se puso malo un hermano mío, pero cuando vi que ya no podía, lo dejé.
—Tiene fama de "clásico" en lo que tiene que ver con Jesús: cuando se ha propuesto que suenen otras músicas tras su trono, usted ha sido de los que han levantado la voz en contra.
—Lo mismo que mi hijo Sergio, que es lo que ha visto de su padre. Nosotros no queremos cambios ningunos, hemos visto siempre a Nuestro Padre Jesús como lo hemos visto; yo tenía un amigo, Nani, que vivía en Madrid, trabajaba en la serie Curro Jiménez y venía todos los años a alumbrar de paisano. Y lo mismo que él, mucha gente. Eso ha cambiado mucho.
—¿Para bien, para mal?
—Lo que no ha cambiado, y eso está bien, es el modo de llevar a Nuestro Padre Jesús, ni su música, pero lo demás sí ha cambiado bastante. ¿Cuándo íbamos a esperar que la Verónica saliera a hombros de las mujeres, que le han echado valor y la han sacado adelante? Eso está bien, lo que no me gusta es que se haya quitado a San Juan, y al final nos hemos acostumbrado a no verlo.

—A lo mejor vuelve alguna vez a las calles.
—Yo voy a ser cofrade de Jesús mientras viva, así que a ver si lo veo en la Semana Santa de Jaén, que ya no me parece tan jaenera como antes, con el costal y esas costumbres que a mí no me gustan.
—El Abuelo a costal...
—Uy, no quisiera verlo a costal, ¡que me muera antes de verlo así!
VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO
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